Hace 200 años veíamos más colores a nuestro alrededor. El paisaje que nos acompaña en el día a día se ha vuelto más descolorido. Los tonos neutros se apoderaron de las nociones estéticas deseables, marcas que una vez destacaron por usar colores vivos están optando por diseños sutiles y colores sobrios. Basta con ver el panorama en un parqueadero lleno de carros comerciales. Negro, blanco, gris. Y yo creo que la ausencia de color y matices se extiende a otro aspecto crucial de nuestra vida diaria: las conversaciones. Parece que al expresar nuestras opiniones, todo es blanco o negro. Al discutir con quien no estamos de acuerdo, solo existe el blanco y el negro. Si buscamos entender qué pasa en determinada situación, solo entendemos si es blanco o es negro. El diálogo, elemento fundamental de nuestra vida en sociedad, también está perdiendo viveza. Y no hay que mirar muy lejos para encontrar razones que expliquen esto. Solo hay que bajar la mirada hacia la cajita de Pandora que llevamos en la mano a todas partes. Según la Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 de Manizales Cómo Vamos, más de la mitad (el 57%) de las personas usa las redes sociales como principal medio para informarse de cualquier tema. Si encontrar “contenido” con el que nos identifiquemos es un factor intrínsecamente atado al uso de las redes sociales, ¿qué dice eso del contenido que se ha convertido en nuestro principal insumo para estar al tanto de los acontecimientos, formar opiniones, nutrir nuestra perspectiva? La misma encuesta muestra que en los jóvenes entre 18 y 25 años la proporción alcanza el 76%. Casi 8 de cada 10 jóvenes recurre a las redes sociales para informarse en su día a día. Un estudio realizado con jóvenes universitarios en México (ver: https://shorturl.at/ouC3z) concluyó que las redes sociales contribuyen a la fragmentación de los espacios comunes y la polarización ideológica. Mientras más “consumamos” información de color blanco, más encontraremos información de color blanco. ¿Cómo llegaremos a conocer y aprender sobre el negro, o cualquier otra opción en la gama de colores posibles? Si ahora ese es el medio en que nos apoyamos para construir nuestras ideas, argumentar nuestras opiniones, crear una visión del mundo que nos rodea, ¿cómo podemos nutrir de color y matices nuestras conversaciones? En espacios en línea parece imposible tener una discusión con otra persona sin llegar al mismo callejón sin salida cada vez. Si yo tengo la razón no es posible que tú la tengas. Si ella se siente ganadora, yo asumo el rol de perdedora, y eso incomoda profundamente. Si mi experiencia se siente “blanca”, la de los demás, como se ve diferente, por ende tiene que ser “negra”. Esto nos roba la oportunidad de experimentar y desarrollar empatía hacia las demás personas y sus realidades. Le resta profundidad a nuestros argumentos, a nuestros aprendizajes, limita nuestra capacidad de sentir curiosidad, y nos conduce a un exceso de individualismo. Podemos dialogar para conocer la perspectiva del otro, indagar con curiosidad y no con tono inquisitivo, escuchar para comprender y expandir nuestros horizontes, en vez de hacerlo para inventar la respuesta más ingeniosa o provocadora instantáneamente. Podemos devolverles el color a nuestras conversaciones.
Opinión
16 Abr, 2026
En blanco y negro
El diálogo, elemento fundamental de nuestra vida en sociedad, también está perdiendo viveza.