10 May, 2026

Un momento político para la ciudad universitaria

Los tres candidatos presidenciales punteros coinciden en que Colombia tiene un problema grave de acceso a la educación superior.

Los retos que se avecinan para la educación superior son de otra escala. Y lo que revelan las propuestas de los candidatos presidenciales es que las respuestas nacionales, aunque necesarias, no alcanzarán para resolverlos.
Según el reciente informe de Educación Superior de Manizales Cómo Vamos, con 109 estudiantes matriculados por cada mil habitantes —la novena capital—, la ciudad ha construido una reputación educativa que pocos territorios pueden igualar. Pero detrás de ese orgullo hay señales de alerta que no conviene ignorar. La matrícula total en educación superior lleva estancada desde el 2022 y aún no recupera los niveles prepandemia. En la formación técnica y tecnológica, la contracción viene desde el 2013. La pregunta no es solo si tiene buenas universidades, sino si esa educación llega a quienes la necesitan, si los jóvenes optan por rutas menos formales y si la ciudad sigue atrayendo estudiantes foráneos. 
Los tres candidatos presidenciales punteros coinciden en que Colombia tiene un problema grave de acceso a la educación superior, aunque con visiones distintas sobre cómo resolverlo. Iván Cepeda apuesta por expandir la universidad pública con gratuidad como bandera. ¿Pero qué ocurre en ciudades como Manizales, donde las universidades privadas atienden a gran parte de los estudiantes de menores recursos que no acceden a lo público? Llevar universidades a territorios olvidados es un gesto poderoso, pero exige garantías reales de calidad y bienestar, no solo presencia física. 
Paloma Valencia confía en reformar el crédito educativo para que el Icetex deje de ser una trampa de deuda. ¿En qué se diferencia de lo ya ensayado, si hay jóvenes que ni siquiera acuden? Habla también de profundizar los programas de educación técnica en los colegios para fomentar la transición entre la educación media y la superior, algo que Manizales le ha enseñado al país, pero poco se dice sobre su financiación y sobre los esfuerzos de municipios y sector privado para sostenerlos. De la Espriella, con poco detalle sobre el cómo, propone créditos blandos y becas por mérito, e invita al sector privado a cofinanciar la educación pública.
Manizales presume de su calidad educativa y tiene por qué. Con un promedio de 156,6 puntos en Saber Pro en el 2024, es la mejor capital del país y tiene el 100% de sus universidades acreditadas de alta calidad. Sin embargo, ninguna subprueba logra que más del 61% de los estudiantes alcance un nivel satisfactorio, la comunicación escrita lleva años cayendo, y en la formación técnica y tecnológica la ciudad queda rezagada frente a Armenia y Pereira con apenas 91 puntos en Saber T y T. 
A eso se suma que la matrícula virtual, que ya representa el 9% del total de matriculados, puede estar ampliando cobertura sin que los estándares de calidad crezcan al mismo ritmo. Sin conectividad garantizada, sin docentes formados para entornos digitales y sin sistemas que midan resultados, la virtualidad corre el riesgo de convertirse en una puerta que no conduce a un buen aprendizaje.
Donde el debate sobre acceso al menos genera propuestas concretas, el de calidad en educación superior brilla por su ausencia. Cepeda hace menciones genéricas sin concretar. Valencia es quien más se acerca, apostando a que la calidad en educación básica y media se trasladará en automático a la superior. De la Espriella apuesta por una educación pertinente para lo que considera prioritario, sin asegurar que sea de buen nivel. La educación superior aparece como solución a casi todo —la violencia, el desempleo, el reclutamiento forzado—, lo que revela falta de honestidad sobre sus debilidades reales.
Difícil que algún candidato responda a la pregunta que más le importa a Manizales: ¿Cómo sostener y profundizar un proyecto de ciudad universitaria cuando los incentivos nacionales no son suficientes? Esa respuesta no vendrá tan fácil de Bogotá. Tendrá que construirse aquí, acompañando a las universidades como protagonistas, como ya lo hemos hecho. La ciudad no puede quedarse esperando lo que por ahora podría resolverse desde la región.