01 Abr, 2026

El niño que perdió la guerra

Papá, ponte serio. Mira que el hijo de Miguel (Alejandro) tiene la misma edad que tenía Miguel cuando le mataron la mamá.

El asesinato de Miguel Uribe es el reflejo de un país enfermo que, teniendo el medicamento para sanar, prefiere no tomarlo. La siguiente conversación con mi hija de 11 años, cuando veíamos la noticia en el televisor de nuestra casa, me dejó varios días sin dormir.
- Sara: “Papá, por eso es que yo no quiero que seas presidente”.
Asustado y sin saber hacia dónde iba la conversación, le respondí:
- Hija, hoy no tengo trapitos para ser presidente, pero sí para ser senador.
Ella me mira fijamente con esos ojos negros, grandes, penetrantes, que me hicieron arrepentirme inmediatamente de lo dicho. Luego respondió:
- Papá, ponte serio. Mira que el hijo de Miguel (Alejandro) tiene la misma edad que tenía Miguel cuando le mataron la mamá, y yo tengo la misma edad que tú tenías cuando mataron al abuelo Fortunato.
Guardo silencio, intentando no equivocarme de nuevo y darme tiempo para reflexionar sobre el fondo de la conversación. Pasan algunos segundos y ella continúa:
- Papá, prométeme que no te va a pasar nada.
Ahí sí enmudecí. Sara remató:
- ¿Cierto que tú no me puedes prometer eso?
La miro a los ojos, le tomo la mano y, con el alma y el corazón arrugados, logro responderle:
- Hija, no te puedo prometer que no me va a pasar nada, pero sí te puedo prometer que trabajaré el resto de mis días para contribuir a que en Colombia lo que le pasó al Miguel de 6 años, lo que le pasó a Alejandro y lo que le pasó a Camilo de 11 años no les siga pasando a los niños de nuestro país.
A la par de estos acontecimientos, yo me encontraba inmerso en la lectura de la novela El niño que perdió la guerra, de Julia Navarro, que, si bien relata la Unión Soviética de Stalin y la España de Franco, presenta similitudes ideológicas y de violencia con la propuesta de este Gobierno y de su candidato, Cepeda. Dictaduras son dictaduras, así sean de derecha o de izquierda. Cuando se pierde la libertad, se pierde todo.
Acá se le está entregando el país al crimen organizado a través de la “Paz Total”. Hoy, los narcoterroristas hacen presencia en 7 de cada 10 municipios. Criminal que capturan, criminal que nombran gestor de paz para seguir dejando niños huérfanos. Lo que relata Julia Navarro, donde las torturas y los asesinatos se normalizaron, es lo mismo que sucede en la Colombia de hoy, y nada pasa. Perdón, sí pasa: siguen gobernando y haciendo política.
Casos como el de alias “Calarcá” son simplemente la evidencia de que los niños en Colombia seguirán perdiendo la guerra por complicidad de este Gobierno. Ojalá el caso de Miguel Uribe llegue hasta las últimas consecuencias. No se nos puede olvidar que un congresista lanzó la campaña “No pasarán”, que incluía a Miguel Uribe, y que la revista Semana revela que la Segunda Marquetalia ordenó su asesinato. Qué extraña coincidencia la que rodea al “papá” de la Paz Total y a su equipo con Iván Márquez.