El célebre diplomático florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527) es considerado el padre de la filosofía política. Con una formación inicial autodidacta, escribió en 1513 su famosa obra “El príncipe”, la que dedicó al joven Lorenzo de Médicis, y en la que concibió la frase “El fin justifica los medios”, pregonando que, por razones de Estado, para mantenerlo, el gobernante en sus actos no debe tener en cuenta principios morales.
Traigo a colación esta referencia para ilustrar lo que viene acaeciendo por estos días -y siempre-, en nuestro mundo político.
Empiezo por los cuestionamientos que, dentro del tortuoso ambiente partidista que se vive, se le vienen haciendo al congresista responsable de las tomas de facto de los cuestionados peajes que tienen restriñida esta parte de Caldas; seguramente la campaña que emprendió para su abolición le generó pingües réditos para ser reelegido, al igual que su protagonismo para que el Aeropuerto del Café volviera a enrumbarse por la reactivación de la obra.
Quizás pudo ser en esos dos frentes el más activo de los candidatos en la reciente campaña congresional, que también se lo permitió su proximidad con el Gobierno, y todo ello también contribuyó a su reelección. Por ahora, optimistamente, el aeropuerto retomó su dinámica. Aquí tal vez se refuerza el apotegma del autor italiano con el dicho y la oportunidad, “el que pega primero pega dos veces”.
Durante el Gobierno Santos, su vicepresidente con el dinero de los colombianos inauguró y entregó por doquier cientos de casas de interés social; con ello quiso ser presidente de Colombia, pero no le alcanzó. Hizo uso de los bienes del Estado para una aspiración personal, lo que no es extraño en el mundo de ahora. En general, esos mecanismos ya se han convertido en costumbre para la captación de votos sin que el grueso de las comunidades repare. Hace ya muchos años cuando la vía al norte de Caldas estaba sin pavimentar, los aspirantes ofrecieron por décadas las obras para conquistar escaños en los cuerpos colegiados; y no ha sucedido solo en Caldas.
Los candidatos presidenciales escogen su fórmula vicepresidencial no precisamente con la intención de ahuyentar sufragantes, aunque puede ocurrir, sino de escoger a quien mayor fuerza o número de votos le aporte. El entonces candidato Petro escogió en el 2022 a su vicepresidenta, no tanto por la raza sino, creo, por el número de votos que ella conquistó, de lo contrario seguramente no hubiese sido considerada como tal. Y en la actual coyuntura tampoco parece extraña la situación, pues de cualquier manera se busca lograr el triunfo.
Me he referido a tales situaciones porque, independiente de la calificación o valor que a uno u otro evento se les dé, en el fondo la finalidad es la misma, la conquista del poder, justificando este fin sin importar muchas veces los métodos, incluidas las ya populares "bodegas", así se tengan que sacrificar principios democráticos y/o doctrinarios.
Retomando a Nicolás Maquiavelo, de quien también se originó el adjetivo “maquiavélico”, que denota la astucia con la que actúa una persona para obtener un fin mediante el engaño o la falsedad ¿Acaso nuestra política se convirtió en maquiavélica? Ojalá cambiemos posturas y costumbres para que logremos una confrontación verdaderamente sana, de respeto por las ideas y podamos hacer realmente grande nuestra democracia. Es responsabilidad de todos.