Una realidad en la vida del ser humano establece con alguna certeza que “si siempre hace lo que siempre ha hecho, siempre consigue lo que siempre ha conseguido”, en buena forma manifestación de conformidad con la vida y sus logros.
Esta aseveración conlleva a lo que sucede en el panorama político de nuestro país y con el actual Gobierno, buscando un supuesto cambio por todos los medios a su alcance, incluidas las prácticas corruptas de la política tradicional y con peores ingredientes, generando la decepción de millones de ingenuos y favoreciendo solo a quienes hoy disfrutan de sus mieles de poder mediante jugosos contratos, dádivas, bodegas de apoyo, nombramientos en altos y medianos cargos pagados con nuestra plata buscando continuar la triste realidad de hoy como cómplices de sus picardías.
Se evidencia en los resultados de encuestas de tendencia electoral que muestran en los primeros lugares a dos candidatos de las extremas derecha e izquierda, esta última con la mayor intención de voto, más unión entre sus adeptos que la primera y oscuras estrategias funcionando para propiciar la continuidad del desastre que hoy sufrimos los colombianos. Quienes persisten en el apoyo a esta dura realidad, diferentes a los beneficiarios directos o indirectos, grandes, pequeños o micros del régimen actual de Gobierno, deberían hacerse estos interrogantes:
1. ¿Está satisfecho con los servicios de salud que recibe intervenidos por el Gobierno? 2. ¿Cree que son buenas las condiciones de seguridad rural y urbana del país? 3. ¿Cree que la corrupción que el actual Gobierno se comprometió a erradicar aumentó, disminuyó o siguió igual? 4. ¿Considera que la ejecución presupuestal del Gobierno actual sí ha generado beneficios en materia de inversión social para las comunidades? 5. ¿Cree que el equipo de Gobierno actual lo integran personas preparadas, transparentes, aptas para desempeñar sus cargos con eficiencia?
Es indudable que al gobierno que llegue le va a corresponder un trabajo arduo en la recuperación de la estabilidad institucional y fiscal del país y ante todo, de la confianza inversionista externa que será fundamental para hacer posible la generación de nuevas oportunidades laborales frente a los altos costos resultantes de la última reforma y del nuevo salario mínimo. Y sobre todo, enfrentar el reto para atender una deuda pública estimada en el 56% del PIB por los altos costos alcanzados con la baja calificación que le han dado a nuestro país las evaluadoras internacionales de riesgo ante el rompimiento de la regla fiscal aplicada por el Gobierno Petro. Un reto que tocará más el bolsillo de los contribuyentes para cubrir los nuevos requerimientos presupuestales.
En resumen, poner orden en casa, al menos para alcanzar el nivel aconsejable de endeudamiento, ejecución ordenada del presupuesto, recuperar la seguridad y eficiencia administrativa, será bien complejo y no será posible con personajes representativos de los causantes de esta situación y quienes llegarán si persiste la absurda división y ataques personales entre los que buscan aparentemente impedirlo. Ahora sí que nos urge el cambio, pero de gobierno.