El pasado martes 10 de febrero recibí la noticia del fallecimiento de Don Hernán Estrada Chavarriaga. Sabía que estaba enfermo, pero no que su enfermedad era tan grave y avanzada, la misma que había aceptado y padecido en la concepción cristiana de la purificación para presentarse ante el Creador. Aunque, públicamente no lo manifestase mucho, Hernán era católico convencido, y practicante. Terminó su vida al lado de los suyos en su querencia: El Algarrobo. Donde quería terminar.
Ante todo, Hernán fue hijo, esposo, padre y abuelo. Su familia siempre por delante. Y como dice la Bendición de los Justos: conoció sus descendientes hasta la cuarta generación, sus bisnietos.
Hernán era una persona discreta, demasiado. No obstante fue el cerebro de las mayores obras de Caldas en los últimos 30 años: Hidromiel, Emas, el túnel de la Tesalia y la represa de Umbría. Todo lo sabía realizar exitosamente, con quién presentar los proyectos, dónde conseguir el operador y cómo cerrar la financiación.
Si Hernán hubiese sido un convencido del aeropuerto de Palestina, ya estaríamos aterrizando allá. Hay otras realizaciones de Hernán que seguramente ni él, ni su familia querían que se conociesen.
Pero hablando de Hernán no puede dejarse de lado al Ángel que lo acompañó durante gran parte de su vida. Al estilo de Clementine Churchill, Hernán tuvo una esposa que estuvo a su altura. Esposa, madre, abuela, amiga; mujer caritativa y desapegada: Beatriz Eugenia Arango Gutiérrez.
Un homenaje a este matrimonio católico ejemplar. !Qué gran legado!
Seguramente sus hijos y sus nietos no serán inferiores al ADN que traen en sí.
Hernán, mis recuerdos y mi gratitud.
Luis Montoya M