Fotos I Cortesía Policía Caldas I LA PATRIA
La Policía Caldas ha liderado una campaña en el comienzo del año escolar para asegurar que niños vayan a las aulas con sus elemento de estudio.
LA PATRIA I Manizales*
Esto es solidaridad pura. La Oficina de Prensa de la Policía Caldas en sus reportes diarios incluyó, en estos días de comienzos de clases en colegios, una historia llamativa de unión de voluntades por una familia rural de Riosucio, en el Alto Occidente del departamento.
La narración tiene que ver, indica la institución uniformada, con Maryeri Largo Tapasco, una madre cabeza de hogar que lucha día a
día por sus cuatro hijos estudiantes. Ellos viven en la vereda Amolador, ubicada a dos horas de la cabecera municipal.
Veamos la introducción de la Policía en este relato: “El regreso a clases suele medirse en cuadernos nuevos y uniformes impecables, pero para Justine, Yhojan, Mayra y Maylin, este año el camino a las aulas comenzó en un taller de mecánica”.
Añade, en un boletín de prensa, que lo que para muchos eran piezas oxidadas y olvidadas en un depósito, para la Policía de Caldas se transformó en el motor de esperanza de una familia entera.
Un alto en esta parte de la narración para explicar la campaña de la Policía Nacional. “Desde los primeros días de enero, se inició una
mesa de trabajo con el inspector de Convivencia y Paz. El objetivo era
claro: recuperar bicicletas en mal estado para convertirlas en oportunidades”.
Luego continúa con que la respuesta del comercio local fue inmediata, pues mecánicos y dueños de talleres del municipio pusieron sus manos y su corazón para restaurar cada una de ellas, devolviéndoles no solo la utilidad, sino la vida.

En medio de este proceso, los uniformados conocieron la historia de Maryeri Largo Tapasco y sus cuatro hijos, quienes, como reportamos al comienzo de estas nota, residen en la Caldas profunda.
“Con la voz cargada de sinceridad, Maryeri relató en medio de las actividades de prevención y control de la Policía Nacional, lo difícil que se vislumbraba este inicio de año: sus hijos no contaban con transporte, uniformes ni útiles escolares”. Así sigue la historia.
También cuenta la Policía que a pesar de las carencias, las ganas de estudiar de los pequeños permanecían intactas. Y que conmovidos por su valentía, los policías tocaron las puertas de papelerías y comercios.
Resalta algo clave: “La indiferencia no tuvo lugar; cada aporte, desde el más pequeño, se convirtió en un acto de amor. Gracias a esa suma de voluntades, se lograron reunir kits escolares completos, uniformes y las bicicletas reparadas que hoy cambian la realidad de estos cuatro hermanos”.
El resultado final trascendió la entrega de objetos materiales. La emoción que causa ayudar de corazón, la expresa la Policía en el boletín para los medios de comunicación: “Al ver las sonrisas y el brillo en los ojos de los niños, quedó claro que la seguridad también se construye con empatía y apoyo social”.
La institución resume que cumplió su propósito: entregar a cada niño lo necesario para regresar a clases con dignidad y alegría.
Concluye: “Esta jornada demuestra que el regreso a clases no siempre empieza en un salón; a veces empieza en la decisión de una comunidad de no ser indiferente y en la voluntad de una institución que entiende que servir también es transformar vidas”.
* Información de la Oficina de Comunicaciones Estratégicas del Departamento de Policía Caldas