Caldas
01 May, 2026

Su primer sueldo fue de $100: recuerda vendedor que lleva 43 años endulzando la memoria de Palestina

“Palestina es el pueblo que me ha dado todo. Es el que más quiero; es sano, tranquilo”, destaca Álvaro de Jesús Ospina.

Después de casi cuatro décadas en Palestina (Caldas), Álvaro de Jesús Ospina se ha convertido en un observador privilegiado de la vida del municipio.

Foto | Jorge Patiño | LA PATRIA Después de casi cuatro décadas en Palestina (Caldas), Álvaro de Jesús Ospina se ha convertido en un observador privilegiado de la vida del municipio. Desde su esquina ha visto pasar generaciones, cambios y transformaciones.

Mientras muchos negocios han desaparecido con el paso del tiempo, Álvaro de Jesús Ospina sigue firme en la misma esquina del parque de Palestina (Caldas), donde desde hace 43 años vende dulces en una jornada extensa que inicia a las 7:00 a. m. y finaliza a las 8:00 p. m.

Su historia se ha construido con disciplina y con el apoyo de su familia. Desde que inició, trabajó junto a su padre, Jesús Antonio, y su hermana Idalba Ospina. Ambos fallecieron, pero su presencia sigue viva en cada jornada. “Siempre trabajamos juntos en el puesto”, señala con voz entrecortada.

Álvaro recuerda que, cuando quiso iniciar su negocio, no obtuvo permiso del entonces alcalde, Roberto Valencia, por ser menor de edad. Por eso empezó trabajando en la compra de café, seleccionando granos. En su memoria recuerda con gratitud al mandatario: “Fue muy buen alcalde, nos ayudó muchísimo. Lo aprecio demasiado”, reconoce que gracias a ese apoyo pudo sacar adelante su negocio.

Cambio de dinámica

En Palestina existen 17 carros de dulces, pero el suyo es uno de los primeros en abrir. Hablar con Álvaro es entender cómo ha cambiado la dinámica económica del municipio. “Las ventas ya no son como antes, los negocios ya no se ven en el parque”, dice.

Para él, la economía local ha perdido la fuerza que tenía décadas atrás. Sin embargo, reconoce que en eventos masivos el panorama cambia: aumenta el turismo y las ventas mejoran.

Recuerda que compró su primer carrito por $600. Cuenta que en ese entonces las cajas de chicle valían $20; hoy cuestan $300. Su primer sueldo fue de $100, una cifra que entonces representaba mucho. “Mantenía feliz y con eso vivía”, afirma con una sonrisa.

No todas las experiencias han sido positivas. En unas fiestas del recuerdo, después de cerrar su puesto, que en ese entonces era de madera, lo llamaron a medianoche a decirle que había quedado destruido tras una pelea a machete. “Quedó como en tres pedazos”, relata.

Aun así, mantiene un compromiso especial con los más pequeños; siempre procura tener las figuritas de los álbumes de moda. Ese detalle lo ha convertido en un referente para los niños que es recordado por varias generaciones.

Experiencias

Entre sus recuerdos, hay uno que refleja su carácter. Un niño, molesto por no encontrar una figura, le dio una patada. La madre reaccionó con un castigo, pero Álvaro intervino. “Le pedí que no le pegara delante mío, que no había necesidad”. La mujer terminó ofreciéndole disculpas.

Confiesa que uno de los momentos más difíciles fue la muerte de su hermana. Pensó en irse a Santa Rosa de Cabal (Risaralda), donde viven otros familiares, pero decidió quedarse viviendo solo. “Palestina es el pueblo que me ha dado todo. Es el que más quiero; es sano, tranquilo”, apunta.


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