Lo llaman Aborrajados Cano, y aunque ha incursionado desde guaquero hasta bombero, su pasión ha sido la de comerciante toda la vida.
La historia de José Rubiel Cano Duque como vendedor informal comenzó cuando tenía entre los 12 y 13 años. Llegó con su familia a La Merced a mediados de los 70 y su padre comenzó, donde es hoy la galería, un negocio de venta de revueltos como se conoce a los plátanos y allí apoyaba a su padre, especialmente los fines de semana.
“Iniciamos con la venta de mil huevos, era una cantidad grande para comercializar en el pueblo, y ese fue el primer vuelo que se hizo como comerciante”, recuerda José Rubiel.

Su propio legado
La historia de Aborrajados Cano arrancó a principios de los 90, cuando gracias a una capacitación que ofreció la Gobernación de Caldas sobre manejo de alimentos y elaboración de productos derivados de la soya. En ese entonces lograron producir 40 diferentes alimentos como la leche, mantequilla y queso de soya.
Cano paralelamente vendía en el parque tajadas de papa frita y papa criolla con salchichón, y aprovechó la capacitación para aprender a hacer aborrajados de queso de soya, que no se conocían en el pueblo. Fue así como a Cano se le ocurrió la idea de incorporar a su negocio este producto, que pronto fue aceptado por su clientela.
“Y ese fue el inicio. El negocio gustó. El producto fue creciendo y todavía hoy vendemos aborrajados y seguimos con esta historia desde 1991, cuando se metió el aborrajado en la calle. Hoy en día tenemos un historial grande, llegan clientes de otros municipios y del mismo pueblo. Nos esperan para comer este producto que ya se convirtió en un plato típico del municipio de La Merced”, asegura.
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