Fotos | Cortesía y Freddy Arango | LA PATRIA
Andrés Felipe y su padre, Álvaro Mejía, quien no pierde la esperanza de regresar al sitio donde su hijo desapareció.
El conflicto armado en Colombia representó la desaparición de 135.396 personas, solo contando hasta el 2016, cuando se firmó el Acuerdo de Paz con las Farc. Sin embargo, ese fenómeno no ha dejado de estar presente en la cotidianidad de los colombianos.
No importa cuánto tiempo pase, las familias buscadoras no pierden la esperanza. Padres, madres, hijos, hermanos y esposos siguen aguardando por los suyos. El manizaleño Álvaro Mejía Suárez perdió a su hijo Andrés Felipe en la selva del Guaviare, durante un operativo contra el grupo guerrillero. Son 11 años sin saber de él.
Claudia María Yepes Upegui es la madre del ingeniero forestal Andrés Camilo Pélaez Yepes, desaparecido en Ituango (Antioquia), el 4 de abril del 2022. A diario, en sus redes sociales, pone el conteo de los días sin su hijo.
En esa búsqueda de desaparecidos, una organización cobra protagonismo, aunque pierde recursos. La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) se convirtió en compañera de lucha de las familias buscadoras.
$76.273 millones tendrá de presupuesto para el 2026, un 26,9% menos de lo solicitado, lo que representa además un presupuesto igual al del 2022, que marcará un limitante para su labor.
En Manizales, una mano amiga
A la oficina 3 del primero piso del Edificio Atalaya, en la avenida Santander con 67A, llegó una carta anónima. Los siete funcionarios de la UBPD que laboran allí se llegaron a imaginar cualquier tipo de amenaza, pero lo que encontraron los sorprendió.
Al analizar los videos de seguridad pudieron ver a un adulto mayor, un dato no menor, considerando que quienes más buscan a sus seres queridos son justamente ellos. El señor dio vueltas alrededor hasta que decidió dejar el documento bajo la puerta.
Era una nota de agradecimiento, resaltaba la labor de la entidad, aunque no daba muchos datos, y contenía unos dibujos. Para ellos fue suficiente saber que su labor ha ido calando en la ciudadanía que no les pierde la fe.
Lina Yuliet Muñoz Vallejo labora como apoyo a la investigación. Explica que la oficina empezó a funcionar en abril del 2025, debido a la necesaria y extensa cobertura que requiere Caldas, pues solo se atendía desde Pereira y La Dorada.
"Hay muchos municipios de Caldas que son más cercanos a este lado, todas las áreas metropolitanas, lo cual dio luces de la necesidad de podernos arrimar más a la población. El objetivo es que nos acerquemos a la población y no que la población nos tenga que buscar", sostiene.
La UBPD es una entidad humanitaria extrajudicial que nació tras el Acuerdo de Paz y ante la necesidad de las madres, quienes sintieron que no había quién buscara a sus desaparecidos. Es la mano derecha, una que sigue sin suficientes recursos.
Perder el temor y hablar
¿Tiene usted un familiar desaparecido? No necesita tener un proceso ante la Fiscalía, tampoco que dicha entidad lo haya cerrado. Solo debe acudir a sus oficinas y contar los hechos de la desaparición de su ser querido, para continuar lo que denominan una búsqueda humanitaria.
"Quiere decir que la hacemos los funcionarios con las personas, a través de aportantes de información, de la comunidad, de los archivos digitales y plataformas del Estado a las que nosotros podemos tener acceso. No es una búsqueda judicial, y es muy importante siempre resaltar que no judicializamos", sostiene Muñoz Vallejo.
Con la determinación de querer aportar información, es importante para las familias que entreguen el documento de identidad de su desaparecido o el registro fotográfico. En caso de no contar con este, la UBPD trabaja con la Registraduría para obtener los registros civiles.
La mayoría de buscadores son adultos mayores, que indagando por sus hijos, a quienes les perdieron el rastro hace 30 o 40 años. Y si los números gobiernan, dice la funcionaria, allí cada víctima tiene un nombre. Es importante el diálogo, profundizan en la descripción física del desaparecido y en los hechos que rodearon su desaparición.
Los planes regionales se diseñaron con el objetivo de hacer búsquedas masivas. No es fácil buscar a cerca de 135 mil personas. Reciben solicitudes por hechos hasta el 2016. Posteriores a la fecha, pasan a manos de la Fiscalía.

"La gente no sabía que podía buscar y que es un derecho. Estamos yendo a los municipios a hacer jornadas de servicio. Es muy duro uno saber que no solo se les llevan a sus hijos, sino que sienten miedo. Con estrategias de diálogo, de pedagogía, de voz a voz, tratamos de tener información para poderles explicar", relata la investigadora.
Desde abril de este año, que la UBPD abrió su sede en Manizales, se han recibido 554 solicitudes de búsqueda, lo que representa un acierto en cuanto a la cantidad de víctimas que habría en la capital y municipios cercanos.
Sin embargo, el Oriente de Caldas sigue siendo una región que capta la atención. Para esta zona hay otra oficina ubicada en La Dorada. En una reciente toma de muestras en Samaná, se recogieron 100, que dan testimonio de la visibilidad que logra esta institución.
Hoy tienen cuerpos recuperados, pero no identificados. Como parte de esa estrategia acuden a las muestras a costo cero, con lo que se pretende acercarse al ciudadano, que pierda el temor y gane confianza, que permita completar la información y aumentar el banco de datos genéticos.
Otro logro, que al mismo tiempo representa la descongestión para el Instituto de Medicina Legal, son los laboratorios de identificación de la UBPD en Medellín, Bogotá y Bucaramanga, lo que ha llevado a efectuar más entregas dignas. En el 2026 esperan el récord y el respiro para muchas familias buscadoras.
Cuenta con odontólogos, médicos forenses y antropólogos que llevan a cabo todo el proceso de identificación y cotejo de muestras, lo que ha facilitado labores. Con un banco de ADN más nutrido se ha logrado hacer comparaciones con restos óseos, que sumado a las historias, llegan a buen puerto.
11 años en la manigua
El 5 de mayo del 2014, Andrés Felipe Mejía López desapareció misteriosamente en la selva de Guaviare en un operativo contra alias Carlos Antonio Lozada, cabecilla de las Farc, hoy Julián Gallo Cubillos, senador de la República.
Son 11 años y medio de una búsqueda incesante, de esperar, preguntar y terminar con más dudas que certezas ante cada presidente colombiano que ha pasado en este tiempo. El caldense Álvaro Mejía Suárez, padre del agente del CTI, sigue esperando.
Recordó que para no filtrar la información, solo hasta el último momento sabría su hijo a dónde se dirigía. Acompañaba a un grupo compuesto por las fuerzas militares. Como era delgado, Felipe era el propio para ir en la labor que le encomendaron.

"Salieron en helicóptero desde La Macarena hasta una zona donde estaba el campamento. Como a las 2:00 a.m., la Fuerza Aérea hizo un bombardeo, y a las 4:00 a.m. ingresaron para capturar a Lozada, no se logró, murieron algunos guerrilleros", contó Álvaro.
En medio de averiguaciones e información que llegó a cuentagotas, supo que su hijo viajaba en un grupo de 13 personas, debía descender por cuerdas, pero no se sabe qué ocurrió, cayó intempestivamente, se golpeó y quedó inconsciente, aún atado al sistema.
"Ahí empezó el calvario. Desde abajo, un compañero dijo que lo vio inmóvil, otro desde arriba decía lo mismo. Trataron de levantarlo, llevarlo a un sitio despejado porque estaban en medio de la selva. El helicóptero se levantó y en camino a descargarlo, se fue descolgando y cayó. No sabemos si está vivo o muerto", dice su padre.
Desde entonces se dedicó a buscarlo, se metió hasta donde pudo, pidió ayuda a las autoridades y ante el impulso inicial, terminaban dejándolo solo y sin respuestas. Así sigue hasta ahora.
Álvaro sostiene que ahora solo cuenta con el apoyo de la Corporación Fasol, creada en apoyo a los jueces víctimas del capo de las drogas Pablo Escobar. Por medio de esta ha habido reuniones con jueces alemanes, el Ministerio de Justicia y la JEP, pero el Gobierno Nacional guarda silencio y la Fiscalía archivó el caso.
"Lo que estaba al alcance de mis manos lo hice todo, quisiera hacer algo más. Hubiera querido ir al sitio, pero sin conocimiento tal vez me pierda y seríamos dos los desaparecidos. Se trató de concertar con un general del Ejército para encontrarnos con la gente de Lozada y el oficial no cedió", explica el padre de Andrés Felipe.
Él hace un llamado a las autoridades, les pide que hagan algo más por su hijo, pero también por todos los desaparecidos. Asegura que en ese trasegar se ha cruzado con muchas personas, a quienes las Fiscalía ignora y solo las pone a voltear.
"Es muy denigrante que cuando acude uno al ente estatal, no tiene ese apoyo. Es triste y es un golpe bajo, porque uno está con esa tristeza tan grande y le cierran puertas, estar andando de un lado a otro. La Fiscalía debería ponerse la mano en el corazón", reflexiona.
Su pedido también fue para esas familias buscadoras, les pidió no desfallecer:
"A esas personas que están en esa incansable búsqueda incesante los abrazo con mucha solidaridad, sé que es lo que se siente, porque quienes no son víctimas directas, no sienten lo que uno siente. Pero no se cansen nunca de buscar".
Sabe que el trabajo de esas familias es arduo, se vuelven investigadoras, y también trae sus riesgos, porque terminan amenazadas y por eso, les pidió tener cautela. Eso sí, no dejar de investigar.
Aunque pudo hablar con Gallo Cubillos, este le aseguró que nunca tuvo conocimiento de lo que ocurrió con Andrés Felipe, que no era su interés ocultarle algo y de saber algo, se lo habría contado.
Álvaro llegó a ver una luz al principio del Gobierno de Gustavo Petro. Al inicio hubo esperanzas, compromisos y una nueva esperanza, que nuevamente se enfrió con el paso del tiempo.

Abundan los cirirís
En su libro, El largo vuelo del cirirí, el escritor pensilvanense Alonso Salazar narra la historia de Fabiola Lalinde. Desde Medellín, la caldense fue ejemplo para las madres buscadoras, en medio de la lucha que tuvo contra el Estado por recuperar el cuerpo de su hijo, Luis Fernando.
Esa historia es un recuerdo para personas como Claudia María Yepes Upegui, una madre que lleva 1.262 días buscando a Andrés Camilo Peláez Yepes, ingeniero forestal, de una familia natural de Jericó (Antioquia).
Su hijo laboraba en las obras de Hidroituango, en Ituango, como contratista de EPM. Trabajaba en labores de compensación forestal, hasta que el lunes 4 de abril del 2022 se lo llevaron desconocidos y no se volvió a saber de su paradero.
"Hablé con él el domingo en la noche. Ya venía Semana Santa, estaba cansado, tenía compensatorios para sacar libre y estar en Jericó con la familia. Iba a comer algo y dormir porque tenía que trabajar en la mañana". Fue la última vez que escuchó su voz.

Desde entonces, el padre de Camilo, Carlos Augusto Peláez, lo buscó durante tres meses por Toledo, San José de La Montaña, Ituango y municipios vecinos. La gente inventaba historias y eso alimentaba una falsa esperanza.
Por otro lado, en otro municipio antioqueño, San Andrés de Cuerquía, el hermetismo reinaba, la gente tenía miedo. ¿Miedo de quién? no se sabía, pero las especulaciones abundaban, todas en manos de la Fiscalía. Solo hipótesis.
"Ya van a ser cuatro años y a todos se les fue volviendo paisaje, otro desaparecido más de la lista. Al principio hubo mucho acompañamiento, prácticamente ahora estoy sola con las redes sociales y medios de comunicación que preguntan novedades, pero sigue siendo la misma información", dice Claudia María.
Ella, a través de Facebook y Twitter, va llevando la cuenta diaria de los días sin su hijo. Tal como ocurrió con Álvaro, recordó que Gustavo Petro nombraría una comisión de búsqueda, e Iván Velásquez, entonces ministro de Defensa, le tendió la mano. Buscaron, no encontraron y se enfrió.
Tal como lo hizo Fabiola, ella continúa con su labor diaria, asegura que toda madre buscadora es un cirirí. El cirirí: una pequeña ave que se enfrenta al gavilán, pero nunca lo mata. En el texto de Salazar hace referencia a esa ardua lucha que se debe librar contra el aparato estatal.
"Unas salen a campo se arriesgan, en puntos rurales, en puntos urbanos; otras hacen lo mismo que yo por redes sociales; otras, vinculadas a oenegés. Las madres siempre vamos a ser un cirirí. Hasta no encontrarlos, no podemos decir que están muertos, necesito encontrar lo poquito que pueda quedar de él", resalta la madre de Andrés Camilo.

Su llamado a todos aquellos que buscan a sus seres queridos: persistir, insistir y no desistir. Continuar con la búsqueda de alguna manera, que escuchen a quien tenga alguna razón, no dejarlos en el olvido.
"Son seres humanos, llegó alguien que se creyó dueño de esa persona y la desapareció, pero tarde o temprano todo se sabe. Lástima que esperemos 20 o 30 años para que los bandidos se conviertan, se les llene el corazón y pidan perdón por lo que hacen", destaca.
En San Andrés de Cuerquía capturaron a dos hombres conocidos como Huevo y Juancito, quienes serían de la banda criminal el Mesa. Fueron los últimos con los que vieron al joven. Unos dicen que fue por atracarlo, otros que por secuestrarlo. Desde eso ya pasaron dos años, pero de avances judiciales, nada.
Los costos de una prospección
La prospección, el estudio que se hace sobre un terreno para ubicar posibles víctimas tiene un costo de $4 millones. La disminución en los recursos, plantean desde la UBPD, llevará a buscar más asociaciones con otras entidades.
Entregas dignas, con lo que se puede
Parte de la labor y el último paso, cuando se logra identificar una víctima, es la entrega digna. Esta pretende que el ser querido tenga su último adiós de la mejor manera, un cierre por medio de una ceremonia, que también se verá afectado por el factor económico.
¿Cuándo termina la búsqueda?
Juliana Arias, enlace de Prevención y Protección de la UBPD, sostiene que tras recuperar un cuerpo, su identificación puede tardar hasta 12 meses, porque además es un proceso que involucra otras instituciones. A partir de esto se inicia el contacto con la familia para la entrega digna.
El cruel conflicto y la dificultad de identificarlos
"Sabemos que hay cuerpos que definitivamente no se van a encontrar, como los que posiblemente terminaron incinerados o los arrojaron al agua. Estamos en un reto en qué vamos a hacer con esos cuerpos que definitivamente sabemos que no van a aparecer", dice Juliana Arias.
Ya se registraron prospecciones en las que solo se encontraron prendas de vestir, dado que el proceso de descomposición incluso acaba con las estructuras óseas, por lo que estas entregas dignas, explica, toman más fuerza.
La búsqueda inversa
No siempre las familias buscan a sus muertos, y con la búsqueda inversa, se quiere dar con los allegados de cuerpos ya identificados. Ingresando a la página busquedainversa.unidadbusqueda.gov.co puede buscar a su allegado.
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