Foto | Cortesía Unimedios | LA PATRIA
En Colombia la obesidad infantil es un problema real que aún necesita mejoras de prevención. Las alarmas crecen en los consultorios pediátricos.
En Colombia, los consultorios pediátricos reciben con creciente frecuencia a niños con patologías que antes eran exclusivas de adultos: hipertensión, colesterol elevado y resistencia a la insulina. La causa es clara y preocupante: la obesidad infantil avanza de manera sostenida y silenciosa como uno de los problemas de salud pública más graves del país.
La Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN 2018) reveló que uno de cada cuatro niños entre los 5 y 12 años tiene exceso de peso. En los adolescentes, el 18 % se encuentra en riesgo de sobrepeso u obesidad. Este escenario representa una amenaza directa al bienestar de las nuevas generaciones.
Un fenómeno global con rostro local
Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirman que se trata de una epidemia global: desde 1975, la obesidad se ha triplicado. Para 2016, más de 41 millones de niños menores de 5 años en el mundo tenían sobrepeso, junto a 340 millones de entre 5 y 19 años.
En Colombia, la situación se agrava con datos como los reportados por la Comisión de la OMS para Acabar con la Obesidad Infantil: 24 millones de adultos presentan sobrepeso u obesidad. Además, cerca del 60 % de los habitantes urbanos consume comida rápida con regularidad, un factor que también impacta directamente a los menores de edad.
“Hábitos, no dietas”: el enfoque preventivo desde la academia
Durante el Simposio de Pediatría 2026, organizado por la Universidad Nacional de Colombia, la profesora Michelle Aguilera Carrillo, de la Facultad de Medicina, advirtió sobre la necesidad de abordar la obesidad infantil desde una perspectiva preventiva e integral.
“En lugar de hablar de dietas, que suelen entenderse como algo temporal, debemos enfocarnos en hábitos alimenticios, que son graduales y permiten un cambio real en la vida de los niños”, afirmó Aguilera.
La especialista insistió en que las raíces del problema se encuentran desde la gestación, influidas por el estado nutricional materno, el tabaquismo o la diabetes gestacional. En los primeros años de vida, un peso elevado al nacer o una ganancia de peso acelerada aumentan los riesgos.
La obesidad infantil no es un problema aislado ni exclusivo de ciertos grupos sociales. Es una emergencia sanitaria nacional que demanda atención prioritaria desde múltiples frentes: educativo, médico, familiar y gubernamental. Las cifras ya hablan por sí solas. Actuar ahora es una obligación moral y una inversión en el futuro del país.
Causas que se entrelazan: de la alimentación a la vida sedentaria
La doctora Aguilera explicó que la obesidad infantil responde a múltiples factores: unos modificables, como el sedentarismo, el estrés y los malos hábitos alimentarios; y otros no modificables, como la genética o la edad.
Uno de los detonantes más relevantes en Colombia es la transición hacia una alimentación basada en productos ultraprocesados, altos en azúcares, grasas y sodio, y la reducción del consumo de frutas y verduras. A esto se suma la disminución de la actividad física, desplazada por el uso de pantallas desde edades tempranas.
Diagnóstico temprano, clave para frenar la epidemia
Detectar la obesidad infantil va más allá de la báscula. La evaluación debe considerar el entorno familiar, los factores sociales y biológicos. En la consulta, los pediatras utilizan herramientas como la medición del perímetro abdominal, pliegues cutáneos o exámenes clínicos como ecografías hepáticas y estudios metabólicos.
También se identifican signos como acantosis nigricans, una afección cutánea relacionada con la resistencia a la insulina. Exámenes de laboratorio permiten detectar niveles alterados de ácido úrico, transaminasas e insulina.
Más que un tema individual: un entorno que influye
La doctora Aguilera enfatizó que la responsabilidad del entorno es crucial. Los niños replican los comportamientos de los adultos, por eso es vital implementar cambios reales en hogares, colegios y espacios comunitarios. La prevención debe comenzar en casa, pero también con políticas públicas que garanticen el acceso a alimentos saludables y promuevan la actividad física desde la infancia.
* Esta información se elaboró con el apoyo de la Agencia de Noticias, Unimedios de la Universidad Nacional.
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