Juan Carlos Velásquez Juan Carlos Velásquez Gómez y Eduardo Andrés Castillo González.

Foto | Luis Trejos - Cortesía | LA PATRIA

Juan Carlos Velásquez Gómez y Eduardo Andrés Castillo González.

Juan Carlos Velásquez Gómez y Eduardo Andrés Castillo González son dos médicos que laboran en Manizales y que han enfrentado los retos de esta profesión en décadas distintas, pero con el compromiso de salvaguardar la vida de los pacientes.

El primero de ellos, de 58 años, se graduó de la Universidad de Caldas en el año 1990 y, el segundo, de 31, de la Universidad de Manizales en el 2021. Entidades públicas y privadas que los formaron para ejercer.

Velásquez, hoy auditor y coordinador de facturación y contratación del Hospital Departamental Santa Sofía, hizo su año rural en Samaná (Caldas). Dijo que en ese tiempo había aún más dificultades en el campo para prestar servicios de calidad.

“Hubo momentos en los que -literalmente- tenía que trabajar 24 horas seguidas, porque era el único médico disponible para cualquier situación que se presentara en la comunidad”, subrayó Velásquez.

Los inicios de Castillo, hoy médico en Urgencias de la Clínica Santillana, le presentaron un reto que a ninguno de los dos les tocó vivir: la pandemia por la covid-19. Estuvo en un complicado frente.

“El sistema de salud venía de una presión enorme. Sin embargo, lo que hemos visto en los últimos años ha sido incluso más desalentador, porque las dificultades del sistema no han desaparecido, sino que se han transformado en problemas de recursos, de acceso y de atención para los pacientes”, detalló Castillo.

En otrora, las condiciones eran muy complejas, “porque el hospital tenía recursos muy limitados. Se contaba con médico, bacterióloga y enfermera y nada más. Con esos pocos recursos era que había que resolver la mayoría de los problemas de salud de la población”, detalló Velásquez.

Estos, según Castillo, son las anomalías de hoy: “Cada día llegan pacientes con enfermedades muy complejas, muchas veces agravadas porque no pudieron recibir atención a tiempo, no tuvieron acceso a medicamentos o no pudieron ver a sus especialistas”.

 

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¡A decidir con adversidad!

El ejercicio médico, tanto en el tiempo de Velásquez, como de Castillo, los ha enfrentado a decisiones complejas y a casos que los tocan y los obligan a elegir en favor de los usuarios y sus allegados.

“Uno tenía que ser muy resolutivo, porque remitir a un paciente era muy difícil. Lo más cercano era La Dorada, pero el traslado podía tardar entre cuatro y seis horas por las condiciones de la vía. Muchas decisiones se tomaban pensando si el paciente realmente alcanzaba a llegar o si lo mejor era resolverlo allá mismo con los recursos disponibles. Ya de regreso a Manizales todo mejoró, trabajé en dos instituciones diferentes”, precisó Velásquez.

Esto es lo más difícil hoy para Castillo: “Hay pacientes que llegan a Urgencias, pagando de manera particular, con los pocos ahorros que tienen -simplemente- porque no han podido ser atendidos por su aseguradora”.

Él agregó: “El panorama es devastador, porque muchas clínicas de la ciudad están colapsadas. Falta personal médico, falta enfermería y también faltan recursos para atender. Mientras tanto la gente sigue aumentando y las instituciones de salud no han crecido al mismo ritmo”.

 

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Pasado y actualidad

Velásquez especificó que ejercer la medicina antes significaba depender casi totalmente del juicio clínico y de la relación directa con el paciente. Celebró que hoy existan muchas ayudas diagnósticas y más especialistas, pero criticó la pérdida del contacto humano, ese conocimiento profundo del entorno.

“Antes la medicina exigía que el médico resolviera casi todo, con muy pocos recursos disponibles. Uno escuchaba más, examinaba mejor y tomaba decisiones pensando también en las condiciones sociales del paciente. Hoy hay más tecnología y precisión, pero el sistema a veces limita el tiempo para conocer bien al enfermo”, detalló Velásquez.

Los avances en dispositivos médicos fueron valorados por Castillo, con una precisión: "Muchas veces no podemos usarlos, porque las aseguradoras no autorizan exámenes o procedimientos. Un paciente puede necesitar una tomografía y simplemente no se aprueba. Eso hace que la medicina se ejerza con muchas más barreras. El problema no es el conocimiento ni la capacidad, sino las limitaciones del sistema para usar todo ese potencial”.

 


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