Retornar a la esencia como seres humanos se hace urgente en estos tiempos de convulsión, y la Navidad es un momento propicio para hacerlo. Casi que se convierte en el único momento del año que nos permite dejar a un lado las agitadas exigencias del diario vivir en todos los campos, y regalarnos espacios para escuchar el corazón y la mente y volver a recuperar los afectos que la humanidad ha ido dejando perder casi que sin darse cuenta; no solo los amores del alma, que son más fáciles de reconocer y conservar, especialmente los del espíritu que mueven a valorar al resto de los semejantes.
Para los católicos hoy nace el Niño Jesús y ese inconmensurable hecho, que es una fiesta de esperanza entre los creyentes, sirve de referente para todos, independiente de cada credo y nivel de fe, porque representa un acto de amor por los hombres, a eso vino al mundo. De ello se debería retomar muchísimo más y recordar cada vez que las personas se dejan llevar a extremos de agresión y de violencia con los demás, que tanto daño le están haciendo a todas las sociedades en el mundo. La nuestra no es una excepción, porque Colombia sigue siendo un país de múltiples conflictos y problemas sociales que urge empezar a resolver para no tocar fondo.
Unos segundos en silencio, solamente, pueden resultar siendo salvadores de vidas y evitar miles de problemas si se usan para apaciguar los ánimos, para calmar estados de exaltación y de rabia que son los que casi siempre están llevando a desenlaces fatales o al menos irremediables. Aprender a callar es de seres grandes y a eso deberíamos poder evolucionar en el relacionamiento con los otros, así sea un proceso muy difícil; se trata es de abrirse a escuchar más razones y argumentos ajenos para entender a la contraparte, que concentrarse en expresar los propios como una manera de imponerse sobre los demás.
Esta Navidad puede ser muy especial si el principal regalo que nos damos individualmente, independiente de la edad, es tomar la decisión de abrirse a transformaciones como esta, porque lleva a reducir los problemas personales, intrafamiliares, entre vecinos, entre amigos, con los ciudadanos, y además los niveles de delitos que tanto están agobiando a todos los pueblos y ciudades. Si hoy proyectáramos de nuevo los principales hechos violentos del año en Colombia y todo Caldas podríamos decir que buena parte de ellos se hubiesen evitado con esfuerzos personales y colectivos, donde cabe la labor de las autoridades y las instituciones, y no tendríamos tanto dolor por curar.
Que esta época sea la más oportuna y fructífera para comprometerse a que nacerá en el corazón de cada quien la paz y el perdón, la capacidad de entender que todos pensamos distinto y de aceptar las diferencias sin tener que llegar a las agresiones. Que hoy sea un buen día para estar en familia o con amigos, de compartir unidos y con alegría, y de darse el regalo propio de empezar a cambiar lo que a veces nos hace tan violentos.