A las fiestas decembrinas este año se adicionó otro elemento, la política nacional que no se detiene. Estamos a solo dos meses y medio de que el país acuda a las urnas para elegir senadores y representantes a la Cámara, que constituirán el nuevo Congreso de la República a partir del 20 de julio del 2026 para dedicarse a legislar y a hacer control político durante cuatro años. La del 8 de marzo será una elección de trascendencia como ocurre con todas, porque representa la posibilidad de ejercer el derecho constitucional de elegir y de ser elegido, y con estos actos hacer más fuerte la democracia.
Para ello se requiere de partidos, organizaciones políticas y candidatos que piensen más en los electores, que no solo estén concentrados en el único interés de pedir y ganar votos a toda costa, sino en ayudarles a los ciudadanos a entender el acto de votar y mostrarles la forma correcta de hacerlo, que no es nada diferente a la pedagogía electoral. Quienes lleguen a las urnas se van a tener que volver a enfrentar a tarjetas electorales de gran tamaño, especialmente para Senado de la República, que solo cuentan con los logos de los partidos y organizaciones y con números en representación de los candidatos que conforman las listas. No hay fotos de personas y eso con seguridad seguirá enredando a los votantes.
La Registraduría Nacional ya sorteó para Senado la ubicación en el tarjetón de 16 partidos y movimientos políticos, coaliciones y grupos significativos de ciudadanos (los inscritos por firmas); además de la casilla de voto en blanco, que es como si fuera otro candidato. Adicionalmente la Registraduría Delegada para Caldas hizo lo propio con Cámara de Representantes, que es de circunscripción territorial. Será una tarjeta electoral con 12 casillas, más pequeña, pero con las mismas características de Senado y dificultades para identificar a los candidatos, porque tampoco tiene sus fotos. El problema podría repetirse, como cada cuatro años, si es que desde ya no se inicia el proceso de formación y orientación para que este tipo de documentos electorales no se preste para confusiones.
Para evaluar y escoger el diseño de las tarjetas electorales la Registraduría hizo pruebas con ciudadanos entre 19 y 80 años, indicando que se llegó a una que es de fácil manejo y comprensión, y contribuirá a reducir los errores al momento de marcarlas. Se espera que así sea y el día de la elección, ya en el preconteo no se empiece a ver un alto número de votos nulos y de tarjetas no marcadas porque las personas al llegar a los cubículos no saben qué es lo que tienen qué hacer y cómo no anular el voto. Es muy lamentable que esto suceda, cuando se podrían tener resultados que muestren una mayor y más efectiva participación ciudadana y congresistas elegidos por amplia representatividad.
Toda la estructura electoral del país debe volcarse a este fin, pero igualmente a inculcar a los ciudadanos los riesgos de participar en delitos electorales, que ya pueden estar empezando a darse y en ello también se debe estar muy vigilante.
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