Mantener en buen estado un predio declarado bien de interés patrimonial o de interés cultural no debería ser un proceso tan engorroso como sucede actualmente. Y esto ocurre porque nos siguen rigiendo normas muchas veces ya obsoletas en lo nacional y en lo local que deberían ser modificadas para facilitar todos los procesos de cuidado, preservación y recuperación de construcciones antiguas con un valor arquitectónico e histórico importante, que nadie duda hay que conservar. Pasa también que son tantos los trámites obligatorios para ejecutar alguna de estas fases y tan largos, que muchas veces los dueños prefieren o tienen que desistir de ellos.
En Manizales hay ejemplos visibles por su ubicación en el Centro Histórico, casas que llevan más de un año en condiciones lamentables, representando riesgos para vecinos y peatones por caída de partes o desplome de la estructura y solo hasta ahora se comienzan a resolver. Están la casa de la calle 22 entre carreras 20 y 21 frente a la Gobernación de Caldas, de privados, que quedó destruída por un incendio en el 2024, y la llamada Casa Hoyos, propiedad centenaria de la Industria Licorera de Caldas, en la carrera 20 con calle 23 esquina, donde despachaba la Secretaría de Educación Departamental, que tuvo que ser desocupada porque según estudios de patología estructural tiene problemas complejos.
Al menos ya se comenzó esta semana la demolición del predio quemado, que además obligó a cerrar desde hace un año la vía por este costado de la Gobernación, que es necesaria para el tránsito vehicular del Centro. Se entiende que es una medida preventiva, pero si se tuviera un esquema de intervención más expedito, al menos para cuando se presenten estos casos que son fortuitos y requieren tomar acciones de emergencia, se evitarían otros problemas conexos. Sin embargo, son muchas las propiedades del Centro Histórico que se dejan caer con el tiempo porque además cualquier intervención exige invertir altas sumas de dinero.
Desde lo municipal se debería contar en Manizales con un esquema tributario dirigido a incentivar con descuentos especiales en impuestos para que los dueños de estos bienes se sientan con mayores posibilidades económicas de hacer con más holgura las inversiones y gastos. La ganancia es de todos. La Alcaldía porque promueve la conservación de estas estructuras, los dueños porque evitan perder sus propiedades y la ciudad porque mantiene en buen estado el entorno. En ello podría ayudar mucho el grupo de la Asociación Centro Histórico que conoce de lleno la situación, además de expertos académicos conocedores de lo arquitectónico y lo patrimonial.
El exalcalde Germán Cardona tuvo rigiendo hacia el año 2000 en el municipio un programa similar de beneficio tributario en el predial para los bienes que fueran pintados y recibieran mantenimiento en sus fachadas. Los resultados fueron positivos porque se notó el mejoramiento estético de muchas propiedades que se acogieron y los contribuyentes pagaron el impuesto oportunamente. Algo parecido se podría volver a contemplar para estos bienes con declaratoria especial, además de solicitarle al Ministerio de Cultura que también haga ajustes, porque las normas deberían ser mucho más flexibles para lo patrimonial.
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