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Los logros que ha alcanzado Manizales en cuanto a gestión del riesgo de desastres en parte son producto de tener que haber vivido en carne propia decenas de tragedias que han enlutado a muchas familias, dejado damnificados y terrenos afectados. Sin embargo, esta es una ciudad que encontró cómo levantarse de este tipo de circunstancias, y lo hizo transformando estas adversidades en la oportunidad de aprender de ellas. Tomó el camino del conocimiento, de la mano con la academia a través de las universidades, las autoridades y las comunidades. Ha sido un trabajo desarrollado mancomunadamente durante décadas y del que se sigue recogiendo la cosecha.
Parte de esto es el reconocimiento a Manizales de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), que le otorgó esta semana a la ciudad la certificación como Nodo de Resiliencia en mitigación del riesgo de desastres; la ubica como la mejor del país y como referente en América Latina y el Caribe. Desde hace mucho tiempo venimos destacando los alcances que aquí se han tenido en este campo y que han llevado a través de varios programas y proyectos a prevenir nuevas emergencias. Entre ellos está la ejecución de cientos de obras de infraestructura en puntos críticos, que siguen protegiendo a los ciudadanos y blindando zonas afectadas.
Este ha sido un trabajo que se inició con la antigua CRAMSA, enfocado en el departamento. Luego la Alcaldía creó, hace ya casi unos 30 años lo que fue la Oficina Municipal para la Prevención y Atención de Desastres (OMPAD), que se convirtió luego en lo que hoy es la Unidad de Gestión del Riesgo (UGR) como parte del sistema nacional. También hay que destacar la labor que ha cumplido la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas) que con su conocimiento y experiencia ha sido un aliado para concretar y desarrollar este tipo de proyectos. Ambos también han llevado la educación a las comunidades como un mecanismo de atención y prevención, y parte de ello es el programa Guardianas de las Laderas, que le ha dado la mano a la ciudad en el mantenimiento y preservación de este tipo de obras.
Muy importante y tenemos que preciarnos de contar como ciudad con el Sistema Integrado de Monitoreo Ambiental de Caldas (SIMAC), que a través de una red de estaciones hidrometeorológicas distribuidas en puntos estratégicos de la región miden los niveles de lluvia, las temperaturas y emiten boletines diarios indicando condiciones de riesgo. Ha sido una herramienta clave en la planeación, la toma de decisiones e incluso para los propios ciudadanos al ser información abierta. El SIMAC es en esta ciudad otra de las alianzas público privadas que permiten mantener funcionando este programa.
Todos son logros que hay que seguir exaltando, y esta certificación lo que abre son posibilidades en el campo internacional, concretamente en el ámbito de la venta de servicios y la cooperación técnica. Seguramente tendríamos mayor figuración nacional e mundial si además de lo técnico y lo administrativo tuviéramos unos programas fuertes y bien concebidos de educación ciudadana para que todos estuviéramos hablando el mismo lenguaje y entendiéramos que así vivamos en una zona rodeada de riesgos (deslizamientos, inundaciones, incendios, torrenciales, erupción volcánica, entre otros) podemos aprender a reducirlos y enfrentarlos.