La situación de habitantes de calle en la ciudad está demandando mayor actuación de la Unidad de Protección a la Vida (UPV) con más presencia en las calles junto con la Policía y controlen todos estos casos. El fin debe seguir siendo proteger a esta población, considerada altamente vulnerable.
Hasta hace unos dos años atrás y por temporadas, Manizales observaba en algunos sectores de la ciudad la permanencia de habitantes de calle, que con el tiempo no se volvían a ver; bien fuera por decisión propia de continuar su camino a otras ciudades o porque se lograban institucionalizar con los programas que existen desde lo público y lo privado. Sin embargo, habitar la calle se ha convertido en una constante en esta capital y ya no solo es un fenómeno social del Centro de la ciudad, se extendió a los barrios de manera incontrolable y con todas las situaciones que esto acarrea, especialmente en lo que tiene que ver con la seguridad.
El solo consumo de sustancias entre estas personas se vuelve un hecho bastante problemático, en especial cuando lo hacen al pie de las viviendas o en espacios públicos o bajo sus efectos tienen reacciones agresivas con el resto de la población; además, la ocupación de espacios para pernoctar es otra coyuntura, porque casi siempre lo hacen en las entradas de las casas, y al despertar no dudan en hacer sus necesidades fisiológicas en el mismo sitio. Muchos de ellos buscan unos pesos hurgando entre las bolsas de basura, solo que no lo hacen con técnica como sí lo ejecutan los recicladores y ahí comienzan los puntos críticos de desechos, o por horas se vuelven “trapitos rojos”, como se les dice a quienes cuidan carros informalmente en el espacio público.
Otro punto complicado es que se dedican a pedir limosna y todavía son muchas las personas en Manizales que la dan, a pesar de las advertencias que han hecho las autoridades sobre lo lesivo de esta práctica. La limosna no les ayuda a los habitantes de calle, los aleja de cualquier posibilidad de resocialización y los arraiga más a la calle porque encuentran en ella un generador de recursos y el sitio donde pueden resolver fácilmente todas sus necesidades. Muchas campañas se han iniciado para acabar con la limosna, pero solo ocurrirá cuando cada quien como parte de la sociedad sea consciente del daño que hace, y más bien decida aportar lo que quiere entregarles a entidades y fundaciones que se ocupan de atenderlos integralmente.
Según la Secretaría del Interior de Manizales se tienen identificados 527 habitantes de calle, de acuerdo con los últimos reportes. Claramente deben ser muchos más, no tanto por lo flotante que es esta población, sino porque cada vez más se ven en la ciudad nuevas personas en esta condición. Delicado que la acción pública, sustentada en programas de hogares de paso y desintoxicación la rechacen y sigan apegados a la calle. Hay que pensar entonces en otro tipo de programas, que sin dejar de tener un sustento humanista, digno y de respeto de todos los derechos logren llegar con efectividad a reducir los impactos de la mendicidad.
La situación de habitantes de calle en la ciudad está demandando mayor actuación de la Unidad de Protección a la Vida (UPV) con más presencia en las calles junto con la Policía y controlen todos estos casos. El fin debe seguir siendo proteger a esta población, considerada altamente vulnerable, porque el solo hecho de permanecer en las calles los deja expuestos a todo.