Las cosas hay que llamarlas por su nombre exacto y hay que decirlas cuando corresponde. El resultado de la esperada reunión entre los presidentes Donald Trump, de Estados Unidos, y Gustavo Petro, de Colombia, terminó de manera positiva. Y lo consideramos así porque no hubo alteraciones, se desarrolló en tranquilidad, al parecer con mesura de parte y parte que era lo que tanto preocupaba a un país como este que depende de una relación bilateral sostenida por años, y que sin embargo se había venido al suelo por no aplicar las formas que obliga la diplomacia.
Lo sucedido entre Petro y Trump el martes en la Casa Blanca es una muestra irrefutable para la sociedad de lo que se puede lograr fácilmente cuando se acude a las buenas maneras, a los argumentos bien expuestos y especialmente al diálogo, que parece ser algo olvidado sobre todo entre jefes de Estado con personalidades complejas como las de estos dos mandatarios, que habían escogido sus redes sociales como única vía para responder, imponer sus criterios y hasta para ofenderse mutuamente. Así se llegó inclusive a poner en riesgo parte de la estabilidad económica del país. Tener la capacidad de estar presentes, de mirarse a los ojos, de hablar y de escuchar no es una fórmula del pasado.
A la humanidad le está haciendo mucha falta la presencia y retomar la conversación como mecanismo para dirimir correctamente los conflictos, así se trate de partes completamente contrarias en sus pensamientos, formación, ideologías y creencias. Cuánto nos habríamos evitado como país si el presidente Petro hubiese escogido desde sus inicios la estrategia del diálogo, abierto y con todos, incluyendo a sus opositores internos y externos. Lo mismo debería hacer con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, para superar las diferencias actuales que nos separan siendo históricamente un país vecino y hermano con el que no se debería romper relaciones; al contrario, fortalecerlas porque nos convienen a todos, y si no se dan nos perjudican a todos.
Si bien de esta reunión Petro-Trump en Washington no quedaron establecidos compromisos explícitos, al menos que se conocieran públicamente porque se realizó en privado, sin medios de comunicación, la meta para lo que queda del actual Gobierno es mantenerse en esta posición de cercanía. Fatal sería volver en cualquier momento a las maneras agresivas de antes, porque envolvería de nuevo la relación con Estados Unidos en tensiones innecesarias cuando es evidente que un país como el nuestro requiere de apoyos internacionales, más si se trata de una potencia mundial.
Aunque la lección para el presidente Petro haya llegado tarde, porque está a seis meses de concluir su periodo, es un buen ejemplo para quienes aspiran a sucederlo en el Palacio de Nariño a partir del 7 de agosto de este año. Mantenerse en cerradas posiciones radicales de muy poco sirve para gobernar y sostener una imagen, mucho menos casar peleas sin sentido y prolongarlas en el tiempo. A pesar de los vientos que soplan desde Norteamérica con el deseo de Trump de dirigir el orden mundial hacia el unilateralismo, a nivel global se mantienen líderes que sostienen el multilateralismo como el camino y para ello el diálogo es la esencia.