Es tan delgada la línea entre las actuaciones oficiales de un funcionario o quien maneja recursos públicos y las actividades de su vida privada que lo íntimo también queda sujeto a normas y a consideraciones éticas de mayor valía que las propias leyes. Quien posee principios éticos es muy difícil que sea capaz de violar las normas, y así lo que haga no esté regido por ningún canon tampoco se permite transgresiones.
Es bueno recordarlo en esta época electoral en Colombia porque abundan, más que en cualquier otro tiempo, las presiones políticas y electoreras sobre quienes laboran en lo público; desde los propios gobernantes, pasando por los miembros de sus equipos de dirección y todos aquellos que ocupan cargos en niveles oficiales. Ahí está representada la maquinaria electoral, porque detrás de todo funcionario y servidor público hay por lo menos otra u otras personas que dependen de este cargo para su subsistencia y eso es lo que va haciendo más perverso este asunto.
Por ello no es suficiente con acatar la ley. Reza el refrán que “la mujer del César debe serlo y también debe parecerlo”, en el sentido de que nadie puede tener prelación a la hora de cumplir los estándares éticos, de manera que lo malo que se hace sea censurable en unos, pero permitido y bien visto en quienes están arropados por una posición jerárquica en el Estado. La ética debe permanecer por encima de todas las acciones, no solo como un afán de aparentar honestidad y transparencia, que en el fondo no existen. Cuando la ética no está presente se corre el riesgo de caer con facilidad en comportamientos irregulares, en corrupción y en delitos que comprometen las actuaciones.
A pocos meses de haber sido elegido presidente Donald Trump en el 2025, y aunque le llovieron críticas de opositores demócratas y hubo rechazo incluso de republicanos, aceptó un jet Boeing 747 como regalo de los árabes para ser usado como avión presidencial. Lo vieron como corrupción, puesto que la Constitución estadounidense les prohíbe a los funcionarios aceptar regalos de un rey, príncipe o estado extranjero. Trump no le vio inconveniente y aseguró que sería “estúpido” rechazarlo. Pero sí censura de manera radical la corrupción en otros.
Mirado en esta región, hace una semana los señalamientos en Caldas se dirigieron al gerente del Patrimonio Autónomo de Aerocafé, Fernando Merchán, que asistió al acto de presentación de campaña de su amigo el candidato a la Cámara Santiago Osorio. Si bien tiene razón cuando dice que no está inhabilitado porque la entidad se rige por el derecho privado, olvida que maneja dineros públicos y es cuando éticamente debió abstenerse de asistir a un acto político abierto al público. Haber acudido también deja en entredicho la entidad que representa.
Ningún funcionario ni empleado que tenga a su cargo recursos oficiales debería exponerse, ni a la ley ni a las faltas éticas. Todos saben cuál y hasta dónde puede ser su participación en política, porque no dejan de ser ciudadanos, pero la dignidad que los reviste en el ejercicio de lo público debe ser respetada.