Despedimos un año que no fue fácil. Los altibajos globales influyeron de alguna forma en la agitada vida nacional, especialmente por lo que fueron unas relaciones diplomáticas tensas, en medio de discordias y crisis que por momentos parecieron insubsanables, que por fortuna salieron a flote por la intervención de terceros distintos al Gobierno. Este 2025 que hoy concluye tampoco fue nada fácil por los procesos nacionales internos malogrados que no permitieron avanzar en muchos aspectos de los que había esperanza para cambiarle la cara a la economía, la salud, la educación, la seguridad, la infraestructura, la inversión, el deporte, la cultura y muchos otros ámbitos cuyas posibilidades se vieron fuertemente reducidas.
Hoy le damos la bienvenida al 2026, que se recibe con la profunda esperanza de que vengan tiempos diferentes, al menos más prósperos y con menos dificultades en la consecución de metas y propósitos. En todo ello el Gobierno nacional tiene la más grande responsabilidad, y aunque ya tiene el sol a cuestas no puede seguir incurriendo en los errores en que cayó durante un poco más de tres años consecutivos, sin escuchar a sus contradictores ni las ideas diferentes y con los que pudo trabajar si se lo hubiese propuesto serenamente. Otros serían los resultados de las reformas si el método fueran los acuerdos y aceptar ceder cuando surgen las diferencias, que las hay y habrá en todo; pero nunca bajo la imposición ni las actuaciones por encima de la ley que no van con la mayoría del país.
Esperamos que el año que comienza, tan marcado por lo político, no termine por desgastar completamente a la ciudadanía, que ya poco cree y confía. Que se abran espacios reales de participación y que lo electoral vuelva a ser una fiesta, no una seguidilla de denuncias por las irregularidades de las campañas y los candidatos. Será un año en el que habrá que elegir la representación en las instancias más destacadas e importantes del país, y ese solo hecho ya obliga a todos a buscar cuáles son las mejores personas y las más buenas opciones para ocupar los cargos en el Congreso y en la Presidencia. Si hay un momento que requiere de una ciudadanía formada e informada es este. Ojalá los colombianos estén abiertos a ello.
En otros contextos, el 2026 deberá abrirle paso a dos asuntos que deberán ser prioridades: la seguridad nacional, tan quebrantada y tocando límites que ya habíamos superado desde hace décadas, y la salud de todos los colombianos, que atraviesa por lo que podría ser la peor crisis en la historia reciente y que seguirá dejando resultados lamentables para la vida de millones de personas si no se interviene con recursos. En lo departamental y lo local también se necesita de más esfuerzos para consolidar proyectos iniciados y empezar a mostrar ejecutorias que impacten verdaderamente a las comunidades.
Que el nuevo año también sea el motivo para buscar ser mejores personas, alejar los comportamientos que no le hacen bien a la sociedad ni a las familias ni al ser humano, es también una forma de ir reduciendo la inseguridad y la enfermedad. Para todos nuestros lectores, nuestros anunciantes y nuestros colaboradores que el 2026 sea un buen año, el mejor.