Desde que hace un año se posesionó Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y amenazó con imponer aranceles para reafirmar su idea de un país más grande para los estadounidenses, la diplomacia transaccional ha hecho de las suyas y ahora hasta los pequeños países lo usan como moneda de cambio. De ahí que el mandatario de Ecuador, Daniel Noboa, hubiera apelado a esta misma arma para reclamarle a Colombia por un tema que nada tiene que ver con lo comercial directamente, sino con la seguridad de la frontera entre los dos países.
El anuncio de Noboa de imponer un arancel del 30% a los productos que llegan a ese país procedentes desde Colombia, a partir del primero de febrero próximo, afectará a ciudadanos de ambas naciones, pues la balanza comercial es favorable a nuestro territorio, que exporta alimentos, plásticos, vehículos, autopartes, productos químicos medicamentos y, por supuesto, energía. Las razones del mandatario vecino tienen que ver con lo que considera falta de medidas de seguridad desde Colombia para proteger la porosa frontera de casi 600 kilómetros que separa los dos países, que es montañosa y que claramente tiene presencia amplia de grupos armados, pero desde hace tiempo, como lo demuestran los hechos históricos de sucesos que lamentar en ambos lados.
Que dos naciones hermanas, además socias en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), entren al juego propuesto por Trump para presionar a través de la economía otras decisiones, es una pésima jugada, en la que difícilmente hay ganadores, como lo están demostrando los efectos de los aranceles anunciados en Estados Unidos para decenas de países. La inflación amenaza y el comercio se estanca en muchos sectores. La reacción de Colombia de imponer aranceles recíprocos y de cortar el suministro de energía a Ecuador, que tanto lo necesita, cuando hay amenaza de un Fenómeno de El Niño para final de este año y comienzos del próximo, es echarle fuego al candil.
Esta situación, que tiene mucho que ver también con las posturas ideológicas de los mandatarios Noboa y Petro, en extremos distintos del espectro político, se da en momentos en que después de 25 años de negociaciones por fin se concretó el acuerdo entre el Mercosur y la Comunidad Económica Europea, aunque falta la ratificación de los parlamentos de los países firmantes y, todo indica, el pronunciamiento de la Corte Europea, donde ya fue demandado por diferentes sectores el convenio. No obstante, es interesante ver cómo mientras desde Estados Unidos se habla de proteccionismo en tiempos de globalización, hay esperanza porque naciones trabajan por un comercio global que permita generar riqueza para todos los socios.
Lo que deberían estar pensando los integrantes de la CAN es en cómo abrir más puertas al comercio y no en cómo cerrarlas. Seguir el ejemplo del Mercosur y fomentar las exportaciones comunes. Aunque le asiste parte de razón al mandatario ecuatoriano, y ya hemos criticado aquí cómo el Gobierno da bandazos en materia de seguridad y no ataca las estructuras armadas del narcotráfico con la contundencia que se requiere, la salida no es entrar en una espiral que termine por afectar la economía. La confianza está puesta en que los empresarios logren a través de la Cámara Colombo Ecuatoriana encontrar las soluciones que parecen negarse los políticos. Lo mejor para todos es que así sea.
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