Hace 40 años, mientras estudiaba en la Universidad de Caldas, recibimos con entusiasmo de Europa la noticia acerca de la firma en Luxemburgo y La Haya del Acta Única Europea de los 12 países miembros de la Comunidad Económica Europea que se dio aquel 17 de febrero. Este tratado internacional entró en vigor en 1987 y fue un gran paso en la creación, cinco años después, de la Unión Europea.
Supongo que la fecha no es muy recordada dada la trascendencia de los hechos que sucedieron a la firma del tratado, pero ese recuerdo vino a mi mente por estos días en que las actuaciones y pretensiones de una potencia como Estados Unidos acaban de poner en jaque al ya debilitado orden internacional y empuja al abismo al multilateralismo que había sido creado justamente para contribuir a la paz y librar a la humanidad de los excesos de dichas potencias.
Recuerdo en las paredes de la Universidad un afiche con un mensaje corto y potente que decía “Europa unida… Latinoamérica pegada” y estaba ilustrado con una imagen de Centro y Suramérica que claramente abogaba por un proyecto de integración y unidad latinoamericana que nos permitiera trabajar conjunta y articuladamente para superar las condiciones de subdesarrollo que por esos tiempos, y aún hoy, afectan a esta parte del continente.
Las polémicas declaraciones de intenciones y las actuaciones del presidente de Estados Unidos en relación con Groenlandia, Canadá, México, Venezuela, causan estupor y advierten el deterioro de la diplomacia y el respeto a la soberanía de los países para imponer unas formas que atentan contra la paz mundial.
Pero a la vez, y eso es lo que quiero resaltar, las tensiones generadas por dichas actuaciones también representan la oscuridad que permite visibilizar la luminosidad de nuevas formas de liderazgo y posturas humanistas que, estando en cabeza de figuras relevantes a nivel mundial, constituyen una fuente de esperanza en que el mundo puede ser diferente, más humano, más compasivo y solidario.
Especialmente inspiradores me resultaron los recientes discursos de Bill Gates en la celebración de los 50 años de El País; del director de dicho diario, Jan Martínez, en el mismo evento, y del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en Davos. Fue este último quien dijo: “Las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú” y ahí fue cuando llegaron a mi mente los recuerdos de esos sueños de juventud universitaria en la que más o menos clamábamos por lo mismo.
Confío en que la nueva alineación de fuerzas entre bloques de países terminará conteniendo las aventuras colonialistas de la potencia del norte y mucho más confío en que las posturas humanistas de estos liderazgos emergentes terminarán inspirando nuevas agendas con las que se recompondrán el orden mundial, el sistema de ayudas a los países en desarrollo y se promoverá el fortalecimiento del sistema de justicia para asegurar la posibilidad de actuación oportuna en casos de violación de derechos humanos al interior de los países del mundo.
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Adenda: Hablando de unidad, integración y trabajo mancomunado, un gran motivo de orgullo y de celebración el nombramiento del manizaleño, doctor Germán Velásquez Arango como embajador itinerante para la salud mundial ante la ONU.