20 May, 2026

Del jaguar destructor al tigre protector

En este escenario surge la posibilidad de un giro. Del "jaguar destructor al tigre protector".

Colombia votó por un "cambio", y el "cambio" llegó. Lo que todavía está en discusión es si llegó para corregir lo que estaba mal o para desmontar lo que estaba bien y funcionando. El Gobierno del "cambio" no solo planteó reformas, sino también una narrativa, había que enfrentarse a "los poderosos", a "la élite", a "los de siempre". El problema es que cuando el discurso divide al país entre buenos y malos, entre la población de bajos ingresos y empresarios sospechosos, la política deja de ser construcción y se vuelve confrontación. En distintos pronunciamientos el presidente Petro ha planteado que el poder económico de los grandes empresarios requiere control, lo que ha sido interpretado por algunos sectores como una relación de confrontación con la iniciativa privada, lo cual hace que la inversión y la confianza no se materialicen. Cuando desde el poder se envían mensajes ambiguos sobre reglas de juego la economía reacciona con prudencia, y esto en economía suele traducirse en freno. Ahí están los sectores golpeados. La construcción, que depende de estabilidad en subsidios como Mi Casa Ya; vive momentos de incertidumbre, familias esperando desembolsos, proyectos detenidos, constructores quebrados. Un sector que mueve empleo formal, debilitado por decisiones que parecen más ideológicas que técnicas. El sector energético altamente impactado. No firmar más contratos de exploración envió un mensaje ambiguo en un país que aún depende del petróleo para financiar gran parte del presupuesto y de la inversión social. Cuando la política afecta a Ecopetrol, no se perjudica a una multinacional extranjera, sino a la principal fuente de ingresos públicos. La reforma a la salud, lejos de generar certezas, ha profundizado la inestabilidad del sistema, la crisis en la prestación de servicios, la incertidumbre financiera de las EPS y los retrasos en la atención han afectado a miles de pacientes. Lo mismo paso con las Fuerza Militares, en medio de una política de "paz total" que parece más concesión que autoridad, plasmada de ambigüedad estratégica. El resultado no fue una paz verificable, sino una sensación de repliegue del Estado. El deterioro institucional también se reflejó en el servicio exterior; la carrera diplomática, concebida para garantizar profesionalismo y experiencia acumulada, fue desplazada por designaciones políticas que debilitaron la representación del país. No es un asunto menor; la diplomacia no es un botín, es una política de Estado, y mientras todo esto ocurre el país hoy se ve más polarizado, angustiado y desconfiado. En este escenario surge la posibilidad de un giro. Del "jaguar destructor al tigre protector". Si llegara a la Presidencia Abelardo de la Espriella se apoyaría en tres pilares claros: autoridad con respeto institucional, defensa del aparato productivo y recuperación de la confianza; es decir, garantías propias de un Estado de derecho. No plantea desmontar el Estado, sino redimensionar y hacerlo funcionar; no propone dividir, sino ordenar; defiende reglas claras y el cumplimiento estricto de la constitución y la ley. Habla de proteger, no de confrontar; de fortalecer la democracia, no de debilitarla. Pero el debate de fondo hoy no es entre izquierda o derecha; es entre confrontación permanente o estabilidad institucional. El jaguar prometió cambiar la selva; en el intento la devastó más de la cuenta. El tigre, si llega, tendrá que demostrar que proteger no es imponer, que fortalecer no es retroceder y que gobernar no es amenazar ni dividir.