De entrada, que haya más de 100 pretendientes a ser presidente es anómalo, le quita seriedad a la democracia colombiana. Pero esto es la superficie, lo que está en el fondo es una organización política de la sociedad colombiana poco seria, unos partidos precarios con vocación mercenaria, así como una bandada de vanidosos que creen que de buenas a primeras están en condiciones de conducir la Nación. Esto facilitado por un orden legal y funcional creado por los mismos interesados en hacer de la política y el Estado un negocio propio, su finca.
Obviamente, para la primera vuelta presidencial que será el 31 de mayo llegará un número reducido de candidatos que se irán agrupando en torno a intereses de poder y posturas ideológicas, en este orden de prelación. Las consultas, instrumento legal y de votación, y las encuestas, son los mecanismos destinados a catalizar el proceso de acotar el número de candidatos; también quedarán muchos tendidos en el camino y simplemente harán adhesión a otro candidato de su conveniencia, convirtiendo un desempeño paupérrimo en una ostentosa declaración de principios y de ‘sintonía’ con un ‘caballo ganador’.
Las consultas, que se realizarán el 8 de marzo próximo, día de elecciones a Congreso, parecerían el instrumento más serio e idóneo, pero están perdiendo importancia y pertinencia, pues generan inflexibilidad para los participantes, dado que los vincula legalmente a los resultados, obligando al ganador a ir a primera vuelta y a los perdedores a apoyar al ganador. Y en una política tan inestable y fraccionada como la colombiana esto es mucho pedir. Las encuestas acordadas por precandidatos son más bien pactos de honor, los que los políticos saben muy bien como quebrantarlos.
En este orden de ideas, el candidato de la ultraderecha, el impresentable Abelardo de la Espriella, renunció a la posibilidad de ir a una consulta, a pesar de ir liderando de lejos el espectro de la derecha; lo que ha querido es que todo el mundo se vaya adhiriendo a él, pues hasta ahora su campaña es contundente respecto a intención de voto. Sergio Fajardo también declinó de una consulta, tal vez considera que irá logrando que otros candidatos que estén por debajo de él en las encuestas se le plieguen; ojalá le asista la razón.
En la pasada columna argumenté que lo mejor para el centro era una consulta que abarcara desde la centroderecha hasta la centroizquierda, petición efímera, pues Fajardo justo dos días después anuncio que no iría a consulta, argumentando que estas solo servían para la polarización. Este argumento me parece que no se ajusta a la realidad, pues una consulta del centro ampliado podría generar un hecho político importante creando un tercer vector con posibilidades de ganar la Presidencia.
Por el lado de la izquierda el candidato Cepeda posiblemente vaya a una consulta interpartidista para reforzar su postura de liderazgo con algunas adhesiones marginales.
Cepeda y De la Espriella están sólidos en sus posiciones de liderazgo en la campaña presidencial. Sería tremendamente desesperanzador que los ciudadanos tengan que escoger entre dos posturas extremas que tienen grandes dificultades de ver la compleja realidad de la Nación y que solo quieren ver el ‘país de sus sueños’ convertido realidad, así esta termine siendo una pesadilla. Ojalá visiones moderadas y flexibles tomen impulso y se vuelvan opciones reales de poder.