24 Sep, 2024

Pedrarias y Balboa

Balboa tiene un honor que nadie puede arrebatarle: el 25 de septiembre del año 1513 lanzó un grito de euforia. Estaba ya en las playas del inmenso mar del Sur.

Peligroso suegro fue el señor Pedrarias Dávila, gobernador del Darién hace 510 años; venido de España se encontró con su yerno ya conocido, casado con una de sus hijas. Este hombre se llamaba Vasco Nuñez de Balboa, nacido en Jerez y llegado a nuestra región con los primeros conquistadores enviados por España, con las ansias de tener honores y gloria, conocer estas nuevas tierras y lucrar de sus riquezas que desde Colón hacían eco en la comarca lusitana.

Era buen tipo este Balboa, pero con la mentalidad conquistadora y posesiva de los que llegaron con cartas del reinado español que los nombraba dueños de los territorios encontrados y ocupados de seguro que después de feroces luchas.

Balboa tiene un honor que nadie puede arrebatarle: el 25 de septiembre del año 1513 lanzó un grito de euforia. Estaba ya en las playas del inmenso mar del Sur, llamado luego mar Pacífico; brincó en sus playas, se bañó en sus aguas y tomó posesión de su honor; en el momento era gobernador del Darién y poco después fue nombrado gobernador de Panamá; la gloria le inundaba, con sus hombres habían descubierto el amplio mar del sur comentado en narraciones, pero por primera vez visto y tocado por un español. Es verdad: hace hoy 511 años que el océano Pacífico con sus profundidades inimaginables y misterios como el de la isla de Pascua empezó a resonar en la historia universal y en la amplia geografía del planeta, nuevo mundo, nuevo mar.

Pero las envidias matan, los celos germinan venganzas, se maquinan tragedias y fue así como en el año 1519 el señor suegro Pedrarias hizo ejecutar de manera humillante y violenta a Núñez de Balboa; cuando no hay amor el odio riega sangre y quita vidas.

Colombia tiene la grata particularidad de estar rodeada por dos mares que dan nombre a sus costas: Atlántica y Pacífica, tazones de riquezas marinas, belleza profunda, fuente vital para millones de seres marinos y terrestres.

La Iglesia ha amado los mares e invita a su admiración y cuidado; en la palabra Bíblica desde el Génesis habla del mar, en los salmos canta su grandeza y en el Apocalipsis alaba su belleza; Cristo navegó el de Galilea en muchas ocasiones y disfrutó de su pesca.

El Papa Francisco en sus cartas “Laudato si” y “Querida Amazonía” nos invita a ser responsables en el cuidado de los mares, las aguas y las criaturas que en sus aguas son belleza, alimento y riqueza.