Una sola victoria, tres empates consecutivos, ninguna derrota, siendo llamativo que son dos partidos en casa sin sumar de a tres, lo que significa cuatro puntos escapados. El triunfo en Cúcuta ya es historia porque la caja se descuadró pese al buen nivel de un Once Caldas que juega al ataque, pero que le cuesta anotar, y con dudas en defensa.

Una posesión del 70%, 11 remates directos y el portero visitante figura, son hechos relevantes e incontrovertibles. Falta resolver; ya contra Santa Fe sucedió y tampoco se pudo ganar. ¿Son tanto los goleros, o falla la definición? Ambas, diría yo porque el asunto es de siempre, hace rato se habla de los paradójico que es contar con el goleador y carecer de gol.

Los cambios tienden al ataque. En las cuatro fechas disputadas terminó en cancha con el doble 9 Zapata-Dayro, y la situación continuó lo mismo. También sustituyeron los extremos, demostración de que hay consciencia respecto al problema que supone la eficacia, sin que las soluciones planteadas hayan sido efectivas.

Igualmente, y en lo que va de Liga, no se ha sacado el arco en cero, los rivales convirtieron, incluyendo Cúcuta y Jaguares que adoptaron posiciones defensivas, y el arquero Parra ha sido figura. Por revisar, los filtros porque los centrales están soportando el peso del rival, y han quedado en evidencia.

Es cierto que en tres de esas presentaciones Once Caldas mereció el triunfo porque impuso condiciones y fue superior con una plantilla que, considerada individualmente, brinda garantías. Del medio hacia adelante, jugadores de buen pie, capaces de tener la pelota, desequilibrantes y que arman sociedades. Hay cantidad y calidad.

Para este campeonato, con base en un presupuesto ajustado, llegaron cinco refuerzos (se fueron 9) y dentro de las alternativas no se tuvieron en la cuenta un zaguero de categoría, a pesar de la salida de Jerson Malagón, ni un delantero con gol. No se trata de ser oportunistas, eran necesidades urgentes, por llenar.

A Jaguares había que pasarle por encima. Acaba de ascender, está en proceso de armado y en hombres, propuesta y trabajo tiene menos que Once Caldas. La inspiración de Luis Sánchez en la primera etapa, con la complicidad de Mateo Zuleta, más el respaldo de Juan David Cuesta, presagiaban un desenlace feliz que no se presentó.

Falló la definición, y la única que ellos tuvieron finalizó en la red. Dayro es implacable, pero enseña limitaciones que exigen otra alternativa, que no es Zapata. Es decir, las debilidades pasaron factura. En el banco no quedó ninguna opción ofensiva porque ingresaron los que estaban, y en defensa se probó esta vez con la pareja Cuesta-Riquett.

Por lo menos se está dentro de los ocho, los invictos a punta de empates son discutibles porque es preferible perder y ganar dos choques que igualar los tres, matemática simple. Lo que si llama la atención es la manera como se actúa, un Once Caldas con control de pelota, que sale a mandar, con disciplina y orden, sin la gracia del resultado.

P.D.: En la era de las comunicaciones, Once Caldas no informa. Se acabaron las ruedas de prensa previas a los partidos, no dan cuenta sobre los lesionados Roa, Mejía y Rodallega, suministran mal los datos en las planillas para los medios, a Jader Quiñones lo ponían con el número 33 y jugaba con el 42, y El Arriero luce distante del ambiente que lo rodea.

Hasta la próxima...

 

Mario César Otálvaro