Dos partidos lleva Once Caldas por Liga dejando buenas sensaciones, así haya empatado con Santa Fe que se ha convertido en bestia negra. Nueve veces se han enfrentado desde 2024 con una sola victoria del blanco, el año pasado en El Campín. En Palogrande el dato es alarmante, en cinco juegos, tres triunfos del visitante.
Fue un duelo entretenido, con intenso primer tiempo y Once Caldas teniendo la pelota e imponiendo condiciones, lo que pareciera ser la consigna dada la calidad individual de sus volantes. Mientras uno elaboraba, el otro utilizaba las transiciones con extremos veloces dando un matiz especial al compromiso que estuvo lleno de emociones.
La parte previa se movió en torno al duelo Rodallega-Dayro, y fueron los arqueros los grandes protagonistas. Mosquera Marmolejo ratificó ser uno de los mejores en Colombia y Joan Parra tuvo una notable actuación frente a su sorpresiva titularidad. Pusieron el candado y mantuvieron el cero con brillantes atajadas.
El complemento no fue tan vistoso, siendo alegre porque y, a pesar de la fría noche manizaleña, los equipos se dedicaron a jugar. Mermaron las llegadas y curiosamente aparecieron los goles, primero el de Santa Fe que metió susto y amenazó nuevamente con imponerse y luego el éxtasis de la igualdad a escasos segundos del final.
Los cardenales marcaron un golazo con sello extranjero. Fueron tres pases, uno profundo desde el fondo de Emanuel Olivera, el segundo al medio de Nahuel Bustos y definición al ángulo de Franco Fagúndez. El del Once fue a través sus defensores: centro de Cuesta, y doble cabezazo de Cardona y Kevin, quien la mandó al fondo de la red.
Un uniforme bonito, pero que no dice nada de la tradición. Respetar los colores es lo menos que se puede pedir; cambiar el blanco en casa no tiene sentido aunque a veces los temas de identidad en Once Caldas pasan a un segundo plano porques sus manejadores son de otra parte y carecen de ese componente sentimental que sí afecta al aficionado.
De negro y blanco con rayas verticales, tipo Botafogo de Brasil, el Once se vio raro. El público no respondió como se esperaba y los abonos van en picada. Hace un año fueron 8.500, luego 7.600, y ahora 6.540. La falta de inversión, señalan algunos, es uno de los factores. También influye la parte económica.
El módulo fue similar al empleado en Cúcuta: Beltrán acompañando a Alvarado en primera línea, lo que para muchos es dar ventajas en marca. En lo personal, lo prefiero, equipo solidario con ajustados retrocesos que tapona en bloque y con inicio de juego desde el primer sector. A Zuleta lo remplazó Gómez, en la única variante implementada.
Rendimientos altos, un Once Caldas con posesión, generador, con ideas de ataque y variantes en ese sentido. El rival, de juego largo, salida por los costados y con Luis Palacios acomodado, se ve fuerte, lo que pondera a su técnico Pablo Repetto, con sendos empates por el torneo pero primer campeón de la temporada al obtener la Superliga sobre Junior.
Se viene América este jueves, ganador en las primeras jornadas. Poco tiempo para juzgar, siendo un hecho que, de momento, Once Caldas aprovecha la ventaja de contar con un plantel que se conoce, depurado, con jugadores técnicos, tiempo de trabajo acumulado y un entrenador resistido por sus formas y su conformismo que, definitivamente en el campo es otro cuento y sabe lo que hace.
Hasta la próxima...