Nunca llueve como truena, cantaba Camarón de la Isla, que siempre tuvo más alma de torero que de cantaor. En Manizales llueve a diario, sus nubes son como los relojes blandos de Dalí, pero los truenos que llegan a la plaza son mucho menos honestos y mucho más falsos. Anuncian miseria. Esa condición miserable de la política populista que en Colombia como en España quieren destruir el toreo y, básicamente, quieren destruir la estabilidad que entre todos nos hemos dado para implantar su sistema servilista y corrompido hasta la médula.
Urge extirpar a esos parásitos del poder. Y para los trabajos más sucios hacen falta las manos más limpias. Las manos de gente como el doctor Juan Carlos Gómez y todo su equipo de Cormanizales. Ellos, con la ayuda del brillante jurista Felipe Negret y de tantos colombianos aficionados a los toros siguen y seguirán peleando para que la Feria de Manizales siga siendo taurina y continúe ejerciendo como el pulmón económico de la ciudad y, lo que es más importante, del Hospital Infantil de la Cruz Roja Caldas.
La Feria Taurina de Manizales salva vidas. Esta temporada, con agua y con grandeza. La de matadores como Antonio Ferrera, Sebastián Castella o Luis Bolívar, que viven una eterna juventud, y la frescura y la ambición de otros como David de Miranda, Borja Jiménez o David Galván, que han conquistado esta Feria por la vía del valor y la calidad. La belleza es la expresión de la eficacia y eso se vio igualmente con Daniel Luque, que conoce como nadie los secretos de esta plaza.
En corrales, la bravura colombiana. Esos toros de Mondoñedo y Santa Bárbara, pura historia. La galantería embistiendo de los animales de Ernesto Gutiérrez, con don Miguel como digno heredero de una dinastía ganadera legendaria. No hay derecho a abandonar siglos de alquimia ganadera por una ideología propia de borregos mansos. Su falso animalismo es el de encerrar a perros en pequeños pisos y condenar al toro bravo a la desaparición y sacarlo de un ecosistema que ya quisieran para ellos.
En Manizales, no obstante, somos igualmente bravos y seguiremos dando batalla. También desde España. Prefiero ser un optimista inocente que un realista resignado. La ley es la ley y hay que cumplirla, pero la democracia prevalecerá frente a sus malas artes. Dentro de cien años nadie recordará a Petro, pero el mundo entero seguirá hablando de los maestros que cada año salvan vidas en Manizales jugándose la suya propia.