En Caldas, el proyecto del Aeropuerto del Café ha estado históricamente ligado a la expectativa y a la espera. Aerocafé es, sin duda, una infraestructura necesaria y estratégica para el desarrollo regional; sin embargo, su ejecución continúa enfrentando dificultades que generan preocupación legítima. El reciente aplazamiento en la selección de la interventoría, luego de que en diciembre del 2025 se declarara desierta la licitación, es una de ellas y no puede minimizarse.

La interventoría no es un componente secundario del proyecto. Se trata del mecanismo que garantiza el control técnico, financiero y jurídico de la obra, y su ausencia impide el inicio formal de los trabajos. Tras la declaratoria de licitación desierta, se anunció la apertura de un nuevo proceso que podría tardar hasta dos meses. Desde entonces, era evidente la necesidad de revisar y ajustar las exigencias del pliego de condiciones, pues de lo contrario existía un alto riesgo de repetir el mismo resultado. Hoy, con un nuevo movimiento en el cronograma, esa preocupación se mantiene.

El cronograma oficial establece una ruta que lleva la firma del contrato de interventoría a comienzos de marzo del 2026, luego de varias etapas de evaluación, subsanación y respuesta a observaciones. Cada modificación en estas fechas tiene efectos directos sobre el inicio de las obras, el cumplimiento de los plazos globales y los costos asociados al proyecto. En infraestructura pública, los retrasos no solo afectan la programación, sino también la credibilidad institucional.

No obstante, es importante reconocer los avances que se han dado. El Gobierno Nacional ha reiterado su compromiso con Aerocafé, ha confirmado la disponibilidad de los recursos y ha fijado fechas clave que buscan garantizar que el proyecto sea irreversible. Asimismo, se ha informado sobre el alistamiento de maquinaria y actividades preliminares que permiten evidenciar que, más allá de los trámites, existe una intención real de avanzar.

El impacto potencial del Aeropuerto del Café es ampliamente reconocido. Aerocafé representa una oportunidad para mejorar la conectividad aérea del Eje Cafetero, reducir costos logísticos, atraer inversión nacional e internacional, dinamizar el turismo y fortalecer sectores estratégicos como el agro y la exportación. Se trata de una infraestructura con capacidad para transformar estructuralmente la competitividad de Caldas y generar empleo y crecimiento económico en el mediano y largo plazo.

Precisamente por esa relevancia, el manejo del tiempo se convierte en un factor crítico. Un proyecto estratégico no puede avanzar de manera intermitente ni depender de prórrogas sucesivas. La crítica que hoy se plantea es de carácter constructivo: ajustar los procesos, garantizar pluralidad de oferentes y asegurar decisiones oportunas no implica debilitar los estándares, sino fortalecer la ejecución.

Caldas necesita Aerocafé y lo necesita en operación, no solo en los anuncios. El departamento requiere una infraestructura que lo conecte de manera eficiente con el país y con el mundo, y que amplíe las oportunidades de desarrollo para su población. Sin embargo, también necesita certeza, cumplimiento y coherencia entre los compromisos adquiridos y su materialización.

Reconocer los avances y exigir el respeto por los cronogramas no son posiciones contradictorias. Son, por el contrario, condiciones necesarias para que Aerocafé deje de ser una promesa aplazada y se convierta, finalmente, en una realidad al servicio del desarrollo regional. Aerocafé debe despegar, sí. Pero para lograrlo, el tiempo no puede seguir siendo la pista más larga -ni la más frágil- del proyecto.