En Colombia dos municipios tienen la característica Cittas Low (pueblos lentos); los dos están ubicados en el Eje Cafetero: Pijao en Quindío y Marulanda en Caldas.
El Movimiento slow, o movimiento lento, es una corriente cultural que sugiere calmar el ritmo de vida de las personas. Les propone tomar el control del tiempo en vez de someterse a su tiranía, dando prioridad a las actividades centradas en el desarrollo de las personas, al equilibrio entre la utilización de la tecnología y el ahorro del tiempo y su uso necesario para disfrutar de actividades como pasear o socializar.
El movimiento se creó en Roma en 1986 y hoy el concepto abarca muchas áreas de la actividad humana. Los Cittaslow o “pueblos lentos” son entonces localidades que priorizan la calidad de vida, la tranquilidad y la sostenibilidad, que ralentizan el vértigo del mundo urbano para oponerse a la prisa moderna, promoviendo tradiciones locales, gastronomía artesanal, cultura, buen ambiente y una vida más pausada.
No pueden ser pueblos de más de 50.000 habitantes y tienen como propósitos hacer la vida mejor para todos en un ambiente urbano, resistir a la homogenización y globalización de los pueblos, proteger el medio ambiente, conservar la memoria cultural, y promover y asegurar un estilo de vida saludable.
Hoy existen en el mundo casi 300 pueblos lentos, especialmente en Europa y en América Latina.
Marulanda es un pueblo de no más de 3.000 habitantes, todos buenos como el pan, enclavado en una vertiente de la cordillera Central, a 2.825 metros de altura sobre el nivel del mar, y una temperatura media de 13 grados centígrados. Tiene paisajes sobrecogedores, montañas verdes “de todos los colores”, aguas cristalinas que nacen allí para desprenderse luego, ladera abajo, y alimentar las fuentes que nutren distintas comunidades del oriente de Caldas.
En Marulanda el silencio se oye y la soledad acompaña los pasos lentos y ensimismados de los pobladores que, de uno a uno, con las horas, van habitando los espacios públicos. Se respira una paz envolvente apenas sí herida por el ruido de una canción campesina que surge de una pequeña cantina que también es miscelánea y centro comercial. El aire sabe a libertad y a montaña y todas las ventanas se abren a horizontes infinitos.
Los caminos de herradura son hilos que conectan a una naturaleza exuberante de tierra fría, paramuna, y a las historias de la colonización antioqueña que se abrió paso a través de senderos todavía imposibles.
Marulanda tiene una comunidad de ovejas que en número supera al de sus habitantes. La enternecedora presencia de estos animales le da un sello especial al municipio; su lana nutre de materia prima la Cooperativa Ovina, ya centenaria, que sigue produciendo ruanas y otras prendas de vestir con tecnología rudimentaria.
Juan David Grajales el anterior alcalde se empeñó en incorporar a Marulanda en la categoría de pueblos lentos del mundo. Por dificultades básicamente económicas el proceso no se ha podido culminar. Leonardo Andrés Giraldo, actual burgomaestre, quiere concluir la gestión y en ese propósito ha venido comprometiendo su esfuerzo institucional y personal.
Ojalá la Gobernación y la misma sociedad civil vinculada por afecto u origen a ese amado terruño, con el liderazgo del Gobierno local, concurriéramos a cerrar este objetivo vital para el desarrollo turístico de esta población y del departamento de Caldas.
Huir del ruido, la estridencia, el vértigo de esta “sociedad del cansancio” es posible. Vamos a Marulanda.