Golpeado por la adversidad, siéntate, respira un buen rato, y siente que Dios habita en ti.
En amorosa comunión con Él afirma con total confianza: “Gracias, Dios, esto pasará. Hecho está”.
Recuerda situaciones complicadas que superaste y visualízate estando bien en el futuro.
Decreta con profunda fe y con amor: “Esto también pasará”. Hacerlo te regala paz y alivio.
Hazlo con confianza plena y deja en las manos de Dios lo que te aqueja o te angustia.
Todo es pasajero, todo está en movimiento y no hay mal que dure demasiado tiempo.
“No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo sostenga, aguacero que no escampe y mal que por bien no venga”.
Dijo un sabio guía: “El futuro nunca es incierto cuando llenas de amor el presente”.
@gonzalogallog