29 May, 2026
Cuando ni el GPS sabe dónde estás
La nomenclatura oficial orienta en la calle; respalda trámites, servicios públicos y la atención de emergencias. Las aplicaciones reflejan cómo nos movemos.
Imagine que conduce de noche entre la neblina, por una vía empinada de Manizales, y no logra ver a tiempo la señal de giro. Duda, frena o sigue de largo. Segundos después, una ambulancia que atiende una emergencia llega al mismo cruce y tampoco encuentra una orientación clara. No es un simple inconveniente cotidiano, es la prueba de cómo una señalización deficiente o mal ubicada representa un riesgo para la vida.
La nomenclatura y la señalización vial en Manizales han crecido, pero en algunos sectores es común encontrar placas ilegibles, señales ocultas que dejan al conductor sin margen de reacción. El problema no es de cantidad, sino de calidad y ubicación. Una señal de giro debe advertir con anticipación, no sorprender. Una buena señalización no solo ordena la movilidad, sino que reduce el caos, evita maniobras bruscas y elimina recorridos innecesarios. El Manual de Señalización Vial 2024 establece con precisión dónde, cómo y a qué distancia debe ubicarse cada señal.
Una buena señalización disminuye la congestión causada por la desorientación y optimiza el tiempo de los ciudadanos. Una ciudad que no orienta bien a sus ciudadanos, falla en su deber de protegerlos. A ese desorden físico se suma la falta de coincidencia entre la nomenclatura y la ubicación dada en el celular por una aplicación, es decir, una ruptura entre la señalización analógica y la digital. Turistas, repartidores y conductores dependen cada vez más de Waze o Google Maps, pero cuando la numeración oficial es confusa, la tecnología no logra compensar el vacío.
Una ciudad moderna no reemplaza un sistema por otro, los integra, porque la nomenclatura oficial no solo orienta en la calle, también respalda trámites, servicios públicos y la atención de emergencias. Las aplicaciones, por su parte, reflejan en tiempo real cómo nos movemos. Cuando esos dos sistemas no se hablan, quien pierde es el ciudadano. Pierde el adulto mayor que no lee con rapidez, el visitante que no conoce los atajos y el peatón que depende de señales con alto contraste para moverse con seguridad.
El argumento económico refuerza el de seguridad. El turista desorientado no explora, se devuelve. El repartidor que da tres vueltas innecesarias por una dirección confusa no es solo una anécdota, ya que, multiplicado por miles de servicios diarios se traduce en congestión, tiempo perdido y emisiones evitables. La señalización bien diseñada no es un gasto de imagen, es infraestructura que produce eficiencia y dinamismo comercial.
La solución no es reinventar la ciudad ni exige recursos extraordinarios, el recaudo de comparendos sería suficiente para financiarla. Además de modernizar la nomenclatura y la señalización vial, se pueden adoptar ideas de otras ciudades, como incluir en los paraderos información sobre las rutas de transporte e implementar bilingüismo en nodos estratégicos como las estaciones del cable aéreo y sitios turísticos. Para optimizar el sistema es fundamental escuchar a los ciudadanos, quienes identifican con precisión dónde faltan señales o cuáles generan confusión.
Hay un componente estético esencial: señalizar bien es ordenar la ciudad. Se debe evitar el exceso de avisos que confunden más de lo que orientan. Una señalización uniforme, clara e integrada no solo facilita el tránsito, sino que proyecta la imagen de una ciudad desarrollada y moderna. En Manizales, orientarse correctamente no debería ser cuestión de suerte.