25 May, 2026

El fantasma de monseñor Perdomo vuelve a aparecer

Estas indecisiones confundieron al electorado conservador y por eso a monseñor Perdomo se le suele recordar en la jerga coloquial como “monseñor Perdimos”. 

El próximo domingo, 31 de mayo, se realizarán unas nuevas elecciones presidenciales. Se calcula que en nuestra extenuante y turbulenta historia republicana se han llevado a cabo unas 52. Colombia es un país que disfruta haciendo elecciones; por eso resulta extraño encontrar un año que sea ajeno a estos procesos de participación política. Aquí es donde aparece uno de los primeros sofismas electorales: creer que entre más elecciones tenga un país más democrático será. 
La democracia ya no es la famosa aplanadora de las mayorías, sino la forma como la sociedad resuelve sus propios problemas, sin sacrificar los derechos de las minorías. De las 14 opciones de voto que trae el tarjetón, incluyendo el voto en blanco, todo parece indicar que el asunto se decantará entre un candidato de izquierda, que asume posturas típicas de ideologías social demócratas (Cepeda), y dos de derecha, que responden a doctrinas nacionalistas o propias de democracias cristianas (De la Espriella y Valencia). 
Con el triunfo de Uribe en el año 2002 las opciones presidenciales de los tradicionales partidos Liberal y Conservador, prácticamente entraron en sala de crisis y tras 24 años todo parece indicar que las cosas se mantendrán igual. Las elecciones presidenciales en nuestro país se han caracterizado, entre otros aspectos, por la falta de acuerdos o consensos entre candidatos de un mismo partido o de una misma tendencia política. 
Sin duda, una de las que ha concitado mayores intereses de académicos, periodistas e historiadores como Eduardo Posada Carbó fue la ocurrida el 9 de febrero de 1930, por las siguientes razones: a) con una campaña que solo duró un mes, el liberal Enrique Olaya Herrea dio fin a 45 años de hegemonía conservadora en el poder; b) los conservadores Guillermo Valencia y Alfredo Vásquez Cobo no se pusieron de acuerdo y llegaron divididos a las elecciones; c) ha sido considerada una verdadera contienda electoral, la ciudadanía pudo entrar en un escenario de deliberancia y las autoridades reconocieron el triunfo liberal (la violencia vendría después); d) el papel de la prensa escrita y especialmente de la radio, que debutó alentando a los electores y e) el protagonismo y participación activa de la Iglesia Católica a través del arzobispo de Bogotá Ismael Perdomo Borrero, quien en tres oficios diferentes (21 de agosto y 9 de diciembre de 1929 y 22 de enero de 1930) ordenaba a los católicos votar por Vásquez Cobo, pero en su último oficio se inclinó por Valencia, reculando nuevamente en favor de Vásquez Cobo ocho días antes de las elecciones. Estas indecisiones confundieron al electorado conservador y por eso a monseñor Perdomo se le suele recordar en la jerga coloquial como “monseñor Perdimos”.
Han pasado casi cien años, y la historia tiene unas interesantes coincidencias: El fantasma de monseñor Perdomo parece haber resurgido; una Valencia vuelve a la baraja frente a un electorado de la derecha dividido y confundido que se disputa, antes que la Presidencia, la bendición divina.