Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com
Desde hace algún tiempo, los rituales funerarios han ido cambiando y con ellos la manera como se vive y asume la ausencia por muerte de los seres queridos. Hubo una época en la cual, se contrataban ‘plañideras’ o ‘lloronas’, quienes durante tres o cuatro días que duraban los funerales, acompañaban a los dolientes con su llanto.
Hoy es cada vez más frecuente trasladar al enfermo para que termine sus días en un hospital, lejos de casa, de sus seres queridos y de su cotidianidad. Y cuando muere; de manera rápida ese cuerpo se vuelve cenizas, las cuales son llevadas al servicio religioso en un ritual que la mayoría de las veces no honra la memoria; todo es ligero, de afán, no hay tiempo para la expresión del dolor y menos para hablar del significado de la ausencia.
Los saludos de condolencias, los abrazos, los homenajes a los muertos, son cada vez más escasos y como si esto no fuera suficiente, las pertenencias son sacadas de manera rápida por los dolientes, para que no quede huella del paso de esa persona fallecida, en los espacios domésticos de la casa.
Así las cosas, al enfermo, hay que tenerlo lejos, a la muerte, no hay que verle la cara y de los objetos que hacen parte de las historias familiares, hay que deshacerse lo más rápido posible, que no quede huella, en otras palabras, es hacer como si esta persona no hubiera existido.
En este sentido, hace pocos días en una columna del diario El Tiempo, escrita por Natalia Tobón Franco, hablaba de los funerales ‘drive thru’ usados en países como Japón, Estados Unidos e Inglaterra:
-“La gente se despide sin bajar del automóvil y avanza lentamente hacia una ventanilla donde recibe una pantalla para dejar unas palabras y una firma. También puede activar un pequeño dispositivo que enciende incienso y permite hacer una pequeña oración sin entrar a ninguna sala”.
Otra forma es, contratar monjes que recitan oraciones, e inclusive alquilar robots que hacen despedidas, de manera rápida, sin mucho protocolo, ni emoción.
No en vano, las personas en duelo que asisten a estos funerales, se quejan por la soledad, el agobio y la falta de apoyo en su dolor; y aunque el mundo y las costumbres cambian de manera vertiginosa, el dolor por la ausencia no se asume deshaciéndose rápido del cuerpo o de las cenizas y dejando los espacios vacíos de pertenencias, y de recuerdos.
Para Alan Wofelt, terapeuta de duelo:
-“Las ceremonias funerarias nos ayudan a aceptar la realidad de la muerte y a testimoniar la vida del difunto, fomentan la expresión del dolor de manera coherente con los valores culturales, dan apoyo moral a los afectados, permiten afirmar las propias creencias sobre la vida y la muerte, y aportan continuidad y esperanza a la vida”.
Los rituales funerarios y la participación en ellos, generan alivio, ayudan a rebajar la ansiedad y permiten palabrear el dolor como condición esencial en el camino del duelo y en la expresión emocional.
* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales.
www.fannybernalorozco.com
Haga clic aquí y encuentre más información de LA PATRIA. Síganos en Facebook, Instagram, YouTube, X, Spotify, TikTok y nuestro canal de WhatsApp, para que reciba noticias de última hora y más contenidos.