“Imposible pretender ganar sin tomar el riesgo de perder” 
 
Lo asumió el Arriero Herrera como una decisión consciente y no como un accidente. Sostuvo su vocación ofensiva y dejó un solitario volante de marca, Jaime Alvarado, expuesto a las transiciones feroces de Santa Fe, especialista en castigar los espacios, con voracidad.
 
Fue, el Once, con el sello del entrenador y no dependiente del instinto del goleador. Equipo luchador, insistente, aguerrido, provocador, incómodo para el rival, pero impreciso en el último gesto, acelerado cuando se pedían pausas, turbio y sin claridad frente a la portería.
 
De Dayro no hubo el lucimiento en los goles como en otras tardes. Pero el blanco supo sobrellevar la adversidad temporal y nunca se destempló ante el desafío del resultado en contra, sin romper sus formas, sin desordenarse, sin entregarse al nerviosismo. 
Cardona y Cuesta señalados por la desatención en la apertura del marcador, lograron la redención en la red contraria, con el tanto de la igualdad. 
 
Dos cabezazos, dos actos de reparación, para firmar un resultado trabajado con el sudor de la culpa y el orgullo herido. Se gritó con rabia porque fue el fruto de la resistencia y no de las circunstancias. 
 
El partido no fue bello. Fue otra cosa: intenso, friccionado, competitivo. El alto rendimiento físico se impuso a la estética de la técnica. 
 
Santa Fe confirmó su nueva esencia: equipo voraz, que juega al error del contrario para atacar en estampidas. Vertical, obsesivo en la búsqueda del gol. El de Franco Fagúndez, el delantero uruguayo, fue de manual.
 
Ante América, el jueves, no caben los romanticismos. El doble pivote, no es cobardía, es precaución. Iván Rojas, o Tomás García, deberán escoltar a Alvarado, futbolista, este último, que piensa el juego, ordena con pases y asume la salida desde el fondo, aunque el cuerpo le pesa más que las ideas. Está gordo.
 
Rodallega, Robert Mejía y Andrés Roa continúan en la enfermería. Tardarán un mes en regresar.
 
En paralelo el club se mueve donde más se construye: las divisiones inferiores. Ramiro Ruíz ya deja huellas en ese aspecto como gerente deportivo. Trabaja a la par con el presidente, Daniel Jaramillo, la comisión deportiva y el técnico principal.
 
El regreso de Elkin Soto está aprobado, al igual que el de Juan Carlos Henao.
 
Se plantea un equipo para la primera “C” y la ausencia en el banco de "Prono" Velásquez, nuevo entrenador de guardametas y Carlos valencia, obedece a que no han sido inscritos, por papeleos.
 
Por último, la elección de Joan Parra, como relevo de James Aguirre en la portería, responde al rendimiento, al juego con los pies, a la aplicación a las estructuras del juego, los saques dirigidos y con intención y a las preferencias del entrenador.
 
El futbol es como la vida: no siempre garantiza las recompensas a pesar de los esfuerzos. 

El fútbol, tan extraño como la vida misma.