Meses atrás escribí acerca de la responsabilidad de los opinadores, que sin duda se extrapola a la de los influenciadores. Hoy mi lupa está en ellos. La industria del marketing de influenciadores sigue creciendo, en Colombia en el 2024, subió un 57% con respecto al 2023. De ahí que sea uno de los formatos de publicidad preferidos por muchos anunciantes.
Según la Guía de influencer marketing, de IAB Colombia (https://cutt.ly/HtblSzAs), un influencer tiene el potencial de generar interacción, impulsar la conversación y/o influir en las decisiones de compra de productos o servicios de un público objetivo.
Tienen distintas clasificaciones según la cantidad de seguidores:
● Nano influencers: menos de 10.000
● Micro influenciadores: entre 10.000 y 100.000
● Macro influenciadores: Desde 100.000 hasta un millón.
● Mega influenciadores: Con más de un millón. A menudo son celebridades o figuras públicas.
En esta última categoría está Yeferson Cossio, quien tiene en su cuenta de Instagram 12,5 millones de seguidores y en TikTok 19,7 millones. Y que esta semana levantó ampolla en Medellín por el reality show digital: “La mujer de tus sueños”, en el que ofrece todo tipo de cirugías plásticas (liposucción, rinoplastia, aumento de senos y glúteos, diseño de sonrisa, etc) a 3 o 4 ganadoras que expongan, frente a un jurado, los motivos por los deban ser merecedoras del anhelado premio; que por cierto, no tiene reglas claras, ni de edad, ni de los profesionales a cargo, ni del seguimiento a las condiciones de salud (física y mental), ni de nada. Todo nebuloso, con un mensaje nefasto de no aceptación, de degradación y de cosificación de la mujer, que refuerza estereotipos de belleza irreales, en una ciudad ya suficientemente afectada por la herencia cultural del narcotráfico.
En lo personal, me parece triste y preocupante, la capacidad que este tipo de personas tienen de influir sobre sus audiencias, casi siempre jóvenes. Quienes en vez de aportar a la sociedad, la destruyen con estos mensajes. Acá recuerdo el caso de Epa Colombia en el estallido social, o lo que hace Westcol con su misoginia, por mencionar otros.
Por fortuna la moneda tiene dos caras, la otra es la de personajes como el influencer manizaleño Camilo Cifuentes, con 4,5 millones de seguidores en Instagram y 10,9 millones en TikTok, dedicado a la labor social pura y dura, cambiando vidas, de quien solo conocemos su voz. Un claro ejemplo de inspiración.
Sin duda, las redes sociales democratizaron la posibilidad de que cualquier persona (experta o no, en algún tema), llegue a masas. Muchos de ellos aportando desde su conocimiento, otros vendiendo humo, y otros tantos, haciendo daño a la humanidad.
Dicen que somos el resultado de las cinco personas con las que más compartimos; y no me cabe duda, que también, de lo que consumimos. Por lo tanto, en un mundo saturado con contenidos digitales, el cedazo debe ser riguroso. Primero, porque los algoritmos aprenden de lo que nos gusta para mostrarnos más, y segundo, porque puede ser una inversión o un gasto de tiempo.
La Real Academia Española (RAE), define la ética como el conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Así pues, esta debería ser siempre el valor primario, de influenciadores, anunciantes y seguidores en pro de una mejor sociedad.