Después de la última publicación de millones de documentos relacionados con el pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein, incontables figuras políticas, culturales y financieras del globo se han visto involucradas y untadas en la turbulenta saga sexual y en el entramado de relaciones privilegiadas tejidas por el astuto y seductor multimillonario.
Se calcula que Epstein, quien se suicidó en el 2019 antes del juicio, tenía una fortuna de unos 500 millones de dólares en activos financieros y lujosas propiedades en el mundo, como su casa de Nueva York, una isla paradisiaca donde realizaba orgías con menores en las Islas Vírgenes, propiedades en Florida, un apartamento en la avenida Foch de París y otras mansiones, inversiones y edificios.
Antes de que estallara el primer escándalo y fuera condenado en el 2012 en Estados Unidos a 13 meses de cárcel y a indemnizar a la víctima por prostituir a una menor, nadie resistía a sus encantos, caracterizado por sus mecenazgos, amor al arte y la buena vida al lado de figuras como Donald Trump, Bill Clinton, Elon Musk, Bill Gates, la princesa noruega Mete Marit, el príncipe británico Andrés y la familia del exministro de Cultura francés Jack Lang, quien a los 86 años sigue siendo alto funcionario como director del Instituto del Mundo Árabe de París.
Con su novia, Ghislaine Maxwell, que se convirtió en su Celestina y le conseguía decenas de muchachas para saciar su apetito, recibían a ex presidentes, banqueros, artistas, ministros, celebridades de la farándula, el cine y el arte, a quienes les organizaban viajes y ofrecían fiestas en la isla del Caribe.
Epstein le prestaba a sus amigos millonarios mansiones o apartamentos, les ofrecía viajes en su jet privado, les daba dinero para sus proyectos culturales e incluso dejó una lista de amigos a quienes les legó partes de su herencia antes de suicidarse. Entre ellas, a la hija de Jack Lang, una discreta experta en arte y comunicaciones de 65 años, le dejó un regalo de 5 millones de dólares. Al ex ministro francés le dio dinero para financiar dos películas en las que estaba involucrado.
Por supuesto no todos los mencionados en la lista cometieron delitos con menores o violaciones, pero sí hicieron parte de un sospechoso entramado de influencias y favores. Aunque Lang se defiende, y dice que no tiene nada que reprocharse y fue “ingenuo”, la clase política francesa ya le está pidiendo la renuncia al cargo, donde se ha mantenido por tres periodos debido a que es una celebridad y uno de los últimos sobrevivientes de una época dorada de la política.
Aunque la hija tuvo que renunciar a su trabajo y argumenta también su “ingenuidad”, es difícil que el flamante exministro, un esteta convencido, logre salirse de este enredo y pueda continuar ostentando el cargo por otros cuatro años más como él quiere. Sus justificaciones son muy frágiles y no queda duda de la relación de amistad de su familia y Epstein.
En vísperas de elecciones y cuando la clase política es criticada por la población exasperada por la crisis y la impopularidad del Gobierno, su amistad probada con Epstein y las prebendas innegables que recibieron él y su hija los hacen indefendibles.