Soy un convencido de que las frágiles condiciones de la calidad de la educación pública van mucho más allá de los recursos. El capital económico no es sinónimo de calidad. Si así fuera, países como México tendrían los mejores indicadores educativos: allí se invierte cerca del 8,5% del PIB, una de las cifras más altas de mundo. Sin embargo, ocurre lo contrario: los resultados en calidad educativa distan de ser satisfactorios.
Lo anterior no significa desconocer la importancia del factor económico en los procesos de gestión escolar. Por supuesto que los recursos son necesarios para alcanzar resultados significativos, pero no son, por sí solos, la garantía de una educación de calidad.
Es precisamente en este punto donde quiero centrar la atención. La Caja de Compensación Familiar de Caldas, Confa, es un vivo ejemplo de solidaridad y compromiso con la educación. Niños de varios colegios de Manizales se benefician de programas gestionados por esta entidad, algunos financiados en su totalidad y otros mediante esquemas de cofinanciación.
Vale la pena mencionar algunos de ellos. El programa Predictores de Aprendizaje, orientado a la detección temprana de posibles barreras en el proceso formativo, acompaña a los niños de preescolar a lo largo de su trayectoria académica inicial. De igual manera, el programa de Fortalecimiento del Aprendizaje del idioma inglés beneficia a los niños de quinto, sexto y séptimo, y actualmente avanza como prueba piloto que incluye a niños de primero y segundo, con el objetivo de que alcancen niveles de certificación B2 y C1 al llegar a grado séptimo.
A esto se suma un programa de Formación en Pensamiento Computacional dirigido a estudiantes de octavo grado. Es importante señalar que estas iniciativas no se limitan a la asignación de docentes, sino que incluyen la provisión de materiales y el acompañamiento en la formación docente.
Confa es, sin lugar a dudas, un ejemplo de generosidad social. Su tarea misional va más allá de los logos y las piezas publicitarias: se hace visible en las aulas y, sobre todo, en los rostros de los estudiantes, donde se reflejan sus verdaderos alcances institucionales.