Por las corridas incruentas
Señor director:

He leído con atención el excelente documento del doctor Lorenzo O. Calderón Jaramillo el sábado 3 del presente mes y a ese respecto me permito presentar mi visión sobre el tema. No soy taurófilo ni tampoco antitaurino. Simplemente soy un manizaleño, pedagogo reeducador, que durante setenta y cinco años ha venido observando el devenir de la Fiesta Brava en mi ciudad. En realidad conozco el mundo taurino desde los años sesenta. Semanas previas a una de nuestras ferias conocí y fotografié dehesas de la ganadería Dosgutiérrez en la hacienda La Esperanza, también en la placita del doctor Gutiérrez en La Florida. En una de nuestras ferias fui fotógrafo contratado para registrar las siete corridas de la temporada taurina. Por lo anterior expuesto, puedo hablar con propiedad sobre las realidades de la tauromaquia en Manizales.
Cuando el torero enfila su estoque para matar al toro, este se halla en condiciones muy precarias porque ha sufrido profundas y extensas heridas. Estas agresiones le han causado gran pérdida de sangre, lo cual le ha disminuido su capacidad de reacción defensiva instintiva, y con la respiración y visión gravemente debilitadas. En la actualidad, el modelo de Corrida Incruenta, en la cual subsiste la lidia, pero sin maltrato ni muerte del toro, se aplica en nueve ciudades del Valle de San Joaquín, en California, Estados Unidos, con aforos de hasta cuatro mil espectadores.
Cuando se habla de la corrida como tradición cultural, podríamos aceptarlo respecto a elementos artísticos tales como el paseíllo, las faenas de capa y muleta, el valor del elegante arrojo de los banderilleros, lo mismo que del torero de turno. Tiene toda la razón el doctor Calderón sobre las pérdidas económicas y sociales que causaría la total prohibición de la Fiesta Taurina, pero si se opta por la Corrida Incruenta, toda la infraestructura se conservaría intacta: la raza del toro de lidia y por lo tanto la actividad económica de los ganaderos; los toreros siguen devengando sus merecidos pagos; el trabajo de banderilleros, monosabios, personal auxiliar y administrativo; la hotelería sigue disfrutando de alta ocupación; la ciudad sigue beneficiándose de la inversión económica de los turistas; siguen las ventas callejeras que benefician a un sector de bajos recursos económicos. En fin…todo esto subsistiría, simplemente con las Corridas de Toros…sin sangre ni muerte.
José Alirio Jiménez Yepes

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