Hemos olvidado el buen trato
Es bien entendido por todos que la Urbanidad, del maestro Manuel Antonio Carreño Muñoz*, en lo atinente al buen trato entre los seres humanos, tiene reglas y pautas que deben ondear siempre como bandera, aún en las diferencias más álgidas y pesadas entre los hombres, en todo lugar y tiempo.
Bien equivocados están los que creen que con lenguajes hirientes, falsas acusaciones, imprecaciones y adjetivaciones miserables contra el otro se fortalecen nuestros argumentos. Lo que fortalece es la desunión eterna; grave fenómeno que impacta negativamente a la convivencia pacífica.
Digamos nuestras verdades sin ese ánimo perverso de querer vejar, dañar y subvalorar al semejante. Busquemos la paz interior, y ahí sí “salgamos” a exponer y a discutir o escribir. Se verá que lo hacemos con buenas, armónicas y elocuentes formas. No olvidemos que eso de maltratar y “pordebajiar” fea y fieramente al otro no puede tener cabida en ningún espacio. Es insano.
Oportuno el momento para decir que todos debemos cultivar el buen humor, deficiencia rotunda y notoria en los fanáticos. No debemos ser adustos. La excelencia y calidez en las relaciones interpersonales brindan calidad de vida. Y traen paz.
Rogelio Vallejo Obando

Posiciones diversas
Reza un adagio popular: Cada quien da lo que tiene. Esta frase, que todos la escuchamos desde hace cientos de años, sigue vigente. Cuando no se respeta la individualidad de las personas, empezando por sus criterios y posiciones en el libre desarrollo de su personalidad. Cada vez que expresamos con palabras o con hechos sentimientos negativos frente a alguien, va impresa la estructura que tenemos respecto a los valores y la ética.
Al actuar con coherencia, respeto por los demás en sus opiniones como la óptica de ver el diario acontecer, emanamos un magnífico concepto que se refleja en un amplio sector poblacional. Cuando es a la inversa dejamos esculpido una pírrica, pobre y decadente formación profesional y humanística.
En todos los ámbitos existen los famosos sirirí que pertenecen a una importante familia de aves que habitan principalmente la región tropical de América: Tyrannus melancholicus. Son conocidos como atrapamoscas debido a que gran parte de su dieta alimenticia se basa en este tipo de insectos. Los atrapamoscas o siriríes también se encuentran en los seres humanos, cuando nos dedicamos a estar realizando señalamientos, como se dice a joder, sin dar fórmulas de solución ni edificar; alimentándose de resentimiento y veneno. Cada quien da lo que tiene.
Álvaro Alzate Ussma

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