Con la aparición del primer hombre moderno, dotado de racionalidad y curiosidad, se desplegó un amplio abanico de oscuras y generosas posibilidades orientadas esencialmente a una competencia inteligente por la supervivencia. La riqueza natural que la Tierra dejó al descubierto le permitió a este ser dar vida al descubrimiento, a la invención y al florecimiento del desarrollo científico y tecnológico.
Con sus aptitudes y habilidades ha sido héroe en muchos frentes, aunque en ocasiones ha sometido a los más vulnerables y ha pisoteado sus derechos. La fragilidad y la ignorancia nos han convertido, incuestionablemente, en carne de cañón, y las interacciones mediadas por el amor y el odio han sido las responsables de reproducir todo tipo de males. Es el precio que la humanidad ha tenido que pagar, y así se escribe nuestra historia, entre grandes logros y desaciertos imperdonables.
En la posmodernidad, el imperio de los gigantes tecnológicos, digitales e informáticos se ha convertido en protagonista con la súbita llegada de internet y el smartphone. La joya de esta nueva corona es la Inteligencia Artificial (IA), que ha encendido las alarmas y se ha vuelto tema obligado de conversación y debate en cualquier escenario. Sus creadores exaltan sus indiscutibles beneficios, pero revelan solo a medias el lado oscuro de esta deliciosa y tóxica combinación informática que ha penetrado lo más profundo de nuestra conciencia, atrapándonos, manipulándonos y esclavizándonos mediante información falsa y tendenciosa que acaba con cualquier noción de libertad.
El historiador y filósofo Yuval Noah Harari, convertido en referencia obligada cuando se debate sobre este embrujo virtual, advierte que la IA puede abrir la puerta a las primeras dictaduras digitales de la historia, dado que su funcionamiento es la plataforma perfecta para futuras tiranías sanguinarias. Afirma que, por primera vez, una tecnología permite vigilar a cada ciudadano en tiempo real, de forma automática y con una eficiencia que ni las dictaduras más opresivas del pasado pudieron imaginar. Estos enemigos de la democracia piratean nuestros sentimientos de miedo, odio y vanidad, y luego los usan para polarizar y subyugar.
Por este motivo, su implementación debe estar regulada por un marco legal que evite arbitrariedades. Además, es urgente convocar una reflexión ética que permita que la IA sea un instrumento de democratización orientado a la equidad y la justicia, y no un recurso exclusivo de las élites totalitarias para someter a los más débiles.
Orlando Salgado Ramírez
 

Sección
Fecha Publicación - Hora
Metadescripción

Línea directa