Cada vez que la Selección Colombia nos representa, se observa un respeto general por sus jugadores, incluso por aquellos que no pasan por un buen momento. No recuerdo que alguno de tantos haya sido silbado cada vez que ha cometido un error durante un partido. Más bien, he visto actos de gallardía y nobleza que despiden a ese jugador con aplausos en el momento en que es llamado a la banca, como queriéndole decir: lo comprendemos, todos tenemos malas tardes. Entiendo que ese comportamiento es una muestra de respeto por el propio país, encarnado esta vez en la persona de ese jugador.
Por ello se me hace incomprensible y condenable que una parte de los aficionados que asisten al estadio de Manizales no puedan tener una actitud más condescendiente, comprensiva y respetuosa con un jugador de nuestro departamento que nos representa en el Once Caldas. No mencionaré esta vez su nombre, porque los aficionados que asisten al estadio saben de quién se trata. No quisiera estar en el lugar de él, porque me sentiría absolutamente decepcionado al ver que mis coterráneos, en lugar de alentarme, me destruyen inmisericordemente.
Tema de otro comentario será determinar cuánto influyen en este comportamiento ciertos comunicadores.
Jorge O. López V.
Sección
Fecha Publicación - Hora