Qué tristeza, pero parece que sí. La antigua casona que albergó por muchos años el Instituto Universitario y después la Escuela Juan XXIII fue objeto de una parcial remodelación, que como todo lo nuestro quedó en veremos y apunta a convertirse en un elefante blanco más. Aunque yo no creo, dicen que es cuestión presupuestal y que se acabó el dinero, pero cómo para otras cosas menos importantes sí hay. Lo que pasa es que a la actual Administración no le interesa un espacio que iba a destinarse a fomentar la cultura, el arte, los museos, las exposiciones; en fin, las cosas bellas de la vida. Y para completar no sabemos a qué genio se le ocurrió que era bueno rodear la casona de un esqueleto en concreto, dizque para parqueaderos. Cuando el patio, bien organizado con bellos jardines, hubiera sido suficiente. ¿Será que lo de la remodelación de tal construcción va a la par con el aeropuerto del Café, que no lo veremos nunca?
Bernardo Molina Marulanda

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