“Es coherente que en la medida en que los colombianos votaron por esa idea de gobierno, se haya creado una entidad como el Ministerio de la igualdad”, dice el politólogo Juan Camilo Arroyave.

Fotos | Cortesía | LA PATRIA

“Es coherente que en la medida en que los colombianos votaron por esa idea de gobierno, se haya creado una entidad como el Ministerio de la igualdad”, dice el politólogo Juan Camilo Arroyave.

30 cambios hizo el presidente Gustavo Petro a su gabinete durante el 2025. A ellos se suman dos en lo que va del 2026, situaciones que le han generado críticas faltándole un año de gobierno.

El primer remezón ocurrió el 4 de febrero en un consejo de ministros inédito televisado por primera vez en la historia. Asimismo, el nombramiento más polémico fue el de Armando Benedetti que provocó que Francia Márquez, vicepresidenta, renunciara al Ministerio de la Igualdad y desde ese momento ese ministerio no logró consolidar a ninguna persona sufriendo cuatro cambios más durante el año.

Este año dejan sus cargos Angie Rodríguez, del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), y Juan Florián, del Ministerio de la Igualdad.

LA PATRIA consultó a Juan Camilo Arroyave, politólogo manizaleño, sobre estos cambios y lo que le depara al país.

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¿Qué demuestra el Gobierno con estos cambios de gabinete?

Son varias lecturas. Una es que es normal que se presenten cambios ministeriales. Lo que se la cuestiona es la cantidad de cambios que no ha permitido la continuidad y ha afectado la ejecución presupuestal en varias carteras.

Otra lectura es que este Gobierno, por instrucción del presidente, a través del Ministerio del Interior, ha tenido apertura y le ha dado participación a algunos sectores políticos diferentes a los que respaldan al actual mandatario. En especial partidos que tienen un peso determinante en el Congreso.

Cuando muchos de los proyectos de ley o reformas no avanzaron en el Congreso, el Gobierno para tomar cartas en el asunto, les restringió esa participación a algunos partidos. Es decir, que esos cambios corresponden a acuerdos que tienen que ver con la viabilización de la agenda legislativa del Gobierno nacional en el Congreso.

 

¿Qué busca con esos cambios?

Los cambios se dan a partir de la baja ejecución de algunos de los ministerios con relación a los presupuestos asignados o porque los partidos que respaldan a algunos ministros no cumplen con la agenda legislativa en el Congreso.  Algunos ministros se han ido a ocupar otros puestos en el mismo Gobierno. Se han presentado situaciones como escándalos y coyunturas que le ha representado al presidente, a partir de la presión pública, tomar decisiones y hacer movimientos como fue el caso de la exministra Laura Sarabia que hoy ocupa la embajada de Reino Unido.

 

De los últimos tres gobiernos, este ha sido el que más cambios ha hecho. ¿Esto demuestra una inestabilidad o una renovación en estas dependencias?

Es válido pensar que muchos de los perfiles que han llegado a estas posiciones no cuenta con una amplia experiencia en el sector público y ha sido uno de los grandes obstáculos que han demostrado los equipos del actual presidente. En su mayoría son perfiles muy académicos y hay que reconocer que el conocimiento es importante, pero en lo público no es lo único que se requiere. Creo que esa es una reflexión que ha ido quedando con el paso del tiempo. Por ejemplo, la llegada de Armando Benedetti al Ministerio del Interior es una muestra clara de cómo el conocimiento de la dinámica política, electoral y el funcionamiento de la administración pública es fundamental para viabilizar muchos procesos que tienen que ver con la discusión del presupuesto público.

 

El Ministerio de la Igualdad ha tenido cuatro cambios y su ejecución ha sido baja, ¿cree que este Ministerio debería desaparecer?

La inexperiencia y la falta de conocimiento en la dinámica pública le ha pasado factura a una cartera como el Ministerio de la Igualdad que, además, contaba con un presupuesto importante. Decir que no se necesita una entidad en Colombia que trabaje por la igualdad, en términos sociales, es polémico. No deja de ser una bandera del Gobierno y además las mayorías en Colombia en el 2022 votaron por un presidente y un discurso que apuntaba justamente a la defensa de la igualdad. Más allá de la eliminación es buscar cómo se le dan herramientas y elementos que le permita hacer más efectivo su trabajo y no quedarse en un discurso.

 

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