Hablar de Pedro J. Andrade es hablar de una época grande de la radio. Su carrera atravesó distintas generaciones del micrófono: la radio de estudio y libreto, la de las grandes transmisiones deportivas y la era moderna de la actualización permanente. En todas dejó huella.
Nació en Tumaco, donde empezó cantando boleros en actos escolares. Allí apareció la primera señal de un talento natural para comunicar. Lo que comenzó con música terminó convertido en una vocación de vida: contar historias con la voz.
Su primera aventura profesional fue fuera del país. Junto a su amigo José Alberto Collazos viajó a Ecuador para hacer radio. Esa experiencia lo marcó y lo impulsó a buscar nuevos caminos. Después vinieron Cali y Buenaventura, donde aceptó el turno más exigente: trabajar de 10 de la noche a 6 de la mañana.
En ese puerto ocurrió uno de los momentos que cambió su destino. El narrador previsto para una pelea de boxeo enfermó y Andrade asumió la transmisión. Respondió con solvencia.
Desde entonces pasó a ser narrador y luego relató partidos internacionales en Copa Libertadores de clubes como América, Emelec, Liga de Quito, Internacional y Vélez Sarsfield.
En Medellín llamó la atención de directivos de Caracol Radio, que veían en él una mezcla poco común de potencia, gran dicción y carisma. Lo apodaban “el negrito de la voz de oro”.
Manizales por encima de todo
Llegaron ofertas de otras cadenas, pero eligió quedarse donde sentía respaldo profesional. Sin embargo, el destino definitivo estaba en Manizales. Cuando tuvo que escoger entre Armenia y la capital caldense, se inclinó por esta ciudad.
Lo que empezó como una decisión laboral se convirtió en una relación profunda y duradera. Aquí se quedó, formó familia, tuvo sus dos hijos, consolidó su carrera y se ganó el afecto de la gente.
No todo fue fácil. Pedro J. también conoció momentos duros: desacuerdos laborales, despidos, dificultades económicas y problemas familiares. Pero cada golpe lo enfrentó con dignidad. Siempre regresó al micrófono. Siempre encontró una nueva manera de servir.
En Manizales se convirtió en una figura respetada. Fue narrador, locutor comercial, presentador, periodista y maestro de ceremonias dando ejemplo para nuevas generaciones. Su capacidad para asumir varios roles lo hizo distinto. Entendía la radio en todas sus formas.
Su gran amigo Gabriel Fernando Cárdenas lo recordó como “un hombre íntegro, profesionalmente muy capaz”, y destacó que, pese a recorrer varias ciudades y países, decidió quedarse en Manizales, donde recibió propuestas para irse y nunca aceptó.
Germán Mejía Gallo lo definió como “estudioso como pocos y profesional en todo lo que hacía”. También resaltó que se ganó el cariño de los manizaleños tras más de 40 años de trabajo en la ciudad.
Duván Marín Martínez lo describió como “un polifacético de la radio”, un amigo leal, salsero empedernido, gran bailarín y hombre de trato cálido. Esa faceta humana aparece en casi todos los testimonios: era cercano, sincero y generoso.
La periodista Juliana Pinzón aseguró que aprendió mucho a su lado. Lo recordó como un colega que enseñaba en cada jornada y compartía su experiencia con naturalidad.
Un hombre sin egoísmos
La vocación de enseñar fue otra de sus marcas. Pedro J. no solo informaba o narraba. También orientaba. Quienes trabajaron con él coinciden en que ayudaba, corregía y acompañaba sin buscar protagonismo.
Así lo reconoce el también narrador Rhey Mosquera. ¨Siempre le dije que era mi hermano de sangre y de color, era una gran persona, todos lo confirman, se expresaba muy bien, era prudente y sobre todo, un señor¨.
Su historia resume esfuerzo y constancia. Desde Tumaco hasta Manizales cruzó mares, carreteras y cabinas. Superó las barreras de su tiempo y se adaptó a nuevas exigencias técnicas para mantenerse vigente frente al micrófono.
Con su partida, la radio pierde una voz histórica. Manizales despide a uno de sus hombres más queridos en los medios. Tumaco despide a un hijo brillante. Y Colombia recuerda a un profesional que entendió que hablar por radio no era solo sonar bien: era respetar al oyente y honrar la palabra.
Pedro J. Andrade Otero se fue el pasado lunes, pero su voz queda en la memoria de quienes lo escucharon y en el ejemplo de quienes aprendieron a su lado.
Sus hijos Pedro y Javier, radicados en Estados Unidos y lejos de los medios de comunicación, reconocieron el gran papel que su padre desempeñó en la radio colombiana.
Muy apreciado por sus colegas

Mario César Otálvaro: ¨Fue tan manizaleño como el Once Caldas, equipo al que amó. Establecimos una amistad que perduró con el tiempo. Era un hombre sensible y lleno de virtudes, un ser humano íntegro, un gran compañero, un hombre que pensaba mucho en los demás, siempre dispuesto a tender una mano, como amigo y como alguien muy cercano a todos¨.

Fabio Hernando Morales: ¨Fue un hombre de radio y muy profesional, compartí con él varios años y muchas jornadas de trabajo y micrófono y puedo decir que se trató de un ser íntegro¨.

Rubén Darío Mondragón: ¨Duele de verdad la partida de Pedrito. A todos los que compartimos con él un micrófono, una experiencia radial, un café, una tertulia, un rato de diversión, un momento gremial, en fin, nos queda la constancia del talante, de su espíritu servicial, de su don de gentes, de su camaradería. Siempre tendremos en nuestra mente lo mejor de él¨.

Diego Mariño: ¨Que gran ejemplo fue Pedro como compañero de Acord Caldas. Tenía un muy buen trato con los compañeros nuevos y antiguos, participaba en los deportes que su físico le permitía, aportaba con el programa nuestro, siempre activo en el gremio informativo. Siempre le expresé mi admiración por su trabajo al aire y su virtuosa voz¨.
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