Foto | J. Lugo | LA PATRIA | PEREIRA |
El 7 de diciembre un incendio provocado por un corto circuito, consumió al menos el 30 % de la iglesia La Valvanera en Pereira. Hoy avanza en la reconstrucción del presbiterio
El 7 de diciembre la iglesia La Valvanera, ubicada en la carrera séptima con calle 14 de Pereira se incendió. Cuando el padre, Francisco Gilberto Arias Escudero, llegó alertado por vecinos encontró llamaradas que se acercaban al techo.
La escena fue devastadora, no solo por ver el presbiterio y el altar cubiertos por el fuego, sino porque al otro dia, el de la Inmaculada concepción, se iban a realizar varias primeras comuniones en la iglesia.
Pero como en todo designio divino, siempre hay manos cruciales que aparecen para contener el fuego y para ayudar a reparar lo que quedó cubierto de cenizas.

Noche del incendio
La hipótesis del padre Francisco, o padre Pacho como es conocido en la ciudad, es un posible cortocircuito en el pesebre que ese día estuvo encendido durante toda la jornada.
“Ese día terminamos la última celebración hacia las siete de la noche, cerramos la iglesia y salimos a compartir el alumbrado como cualquier familia. Más o menos a las ocho y media me llamó el comandante del CAI para decirme que estaba saliendo mucho humo del templo”, contó el sacerdote.

Inicialmente, el padre pensó que se trataba del humo provocado por la pólvora encendida en el parque La Libertad, pero al regresar y abrir la sacristía se encontró con una escena crítica.
“Cuando entramos, el altar y todo el presbiterio estaban en llamas, el fuego ya iba subiendo casi hasta el techo. Yo me quedé sin palabras, como que no reaccionaba”, recordó.
Para María Eugenia Londoño, asistente personal del sacerdote, la experiencia fue impactante.
“Fue algo caótico, de muchos nervios. Pensamos que era una veladora o algo pequeño, pero cuando abrimos la puerta del Santísimo, el viento avivó las llamas y el incendio se expandió”, relató.

Recordó además la tristeza del padre al ver el templo destruido, justo cuando todo estaba listo para las primeras comuniones del día siguiente.
“Ver al padre sentado en las escaleras llorando fue muy duro. Teníamos 70 niños listos para su primera comunión y el templo quedó completamente afectado”, señaló.

Manos que ayudan
El sobrino de Maria Eugenia fue esencial para contener las llamas. Ella lo llamó para que fuera a revisar lo que sucedía y cuando llegó, encontró la escena. Su reacción fue usar los extintores para tratar de apaciguar el fuego que creía con los minutos.
“Él se cubrió la cabeza con trapos húmedos y empezó a sofocar las llamas. Estaba encendido el pesebre, el árbol de Navidad y también se prendieron los instrumentos de la orquesta: pianos, guitarras, una batería electrónica, todo estaba ardiendo”, explicó Arias Escudero.

Luego llegaron los bomberos, apagaron las llamas y para el padre Pacho todo lo que sucedió esa noche fue obra divina: todos los que intervinieron para que el fuego no creciera eran enviados de Dios.
“Yo digo que fue la mano de Dios, porque si el fuego hubiera alcanzado la capilla lateral, se habría quemado toda la manzana”, afirmó.
Las pérdidas materiales superan los $100 millones, incluyendo daños en el altar, pisos de mármol y la orquesta, valorada en cerca de $40 millones. No obstante, la estructura del templo no presentó afectaciones graves.
Aún así, la misa del otro día tuvo que ser celebrada en la catedral, gracias a que el sacerdote de esa iglesia la prestó. Londoño recuerda ese momento con mucha gratitud.
“El sacerdote nos prestó la catedral y salimos con todos estos niños de aquí para abajo en caravana divina, todos vestidos de blanco, hermosos, para ellos un paseo. Para nosotros fue una experiencia maravillosa verlos también todos felices y se hizo una eucaristía divina”.

Solidaridad
La solidaridad no acabó ahí. La reconstrucción del altar, el presbiterio y de varias losas de mármol que fueron afectadas por las llamas no daba espera. Especialmente porque el Padre Pacho vive sus últimos días al frente de La Valvanera y espera entregar en óptimas condiciones.
“La gente se ha solidarizado muchísimo. Hemos recogido cerca de $80 millones y con eso estamos haciendo todo lo posible para recuperar el templo y entregarlo en buenas condiciones”, añadió Londoño.
En este momento trabajan sobre las losas de mármol del presbiterio, pintando las columnas y organizando los detalles del altar. Ante la emergencia, el padre Pacho y su asistente son optimistas.
“Estamos pintando el templo nuevamente y lo estamos organizando. Yo pienso que la gente ha sido muy generosa, nos han colaborado muchísimas personas: nos colaboran con pintura, nos colaboran con dinero y vamos recuperándonos. Yo creo que en menos de un mes ya estará lista”.
Los tiempos de Dios
En la iglesia trabajan día a día para devolverle la dignidad al templo. Las columnas ya están recibiendo las últimas manos de pintura, el altar fue renovado completamente.
“O sea, que Dios también manda el llantico, pero al mismo tiempo también te dice, ‘Mira, aquí, aquí estoy para favorecerlos’”.
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