Cada vez más personas activan el GPS incluso para ir al trabajo, visitar a un familiar o llegar a un sitio que conocen desde hace años. Llegan al destino, pero después no saben regresar sin ayuda del celular. Esa conducta, que muchos ven como una simple comodidad, empieza a encender alertas en el campo de la psicología cognitiva.
La Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, presentó un estudio sobre memoria espacial, una función mental que permite codificar, guardar y recuperar información sobre lugares, recorridos y ubicación de objetos. Gracias a esta habilidad, una persona reconoce caminos, identifica referencias y toma decisiones cuando enfrenta cambios inesperados en una ruta.
Silvana Claro La Rotta, docente del programa de Psicología, explica que la memoria espacial opera como un sistema de navegación interna. Cuando una persona la ejercita, no solo llega a una dirección. También aprende el trayecto, recuerda puntos clave y gana seguridad para moverse sin depender de instrucciones externas.
La investigadora aclara que las aplicaciones no “dañan” el cerebro. El riesgo aparece cuando el usuario entrega toda la tarea de orientarse al dispositivo. En ese momento, el cerebro participa menos en procesos como la observación, la atención del entorno y la construcción de mapas mentales.
Estas son las siete señales de alerta
* La primera ocurre cuando alguien activa el GPS para trayectos cotidianos. Si una persona necesita la app para ir a la oficina todos los días, ya no usa la herramienta como apoyo ocasional, sino como reemplazo automático.
* La segunda señal aparece cuando logra llegar, pero no sabe devolverse. Sigue las instrucciones paso a paso, aunque después no recuerda calles, giros ni referencias básicas.
* La tercera surge frente a cambios mínimos. Una calle cerrada, una obra o un pequeño desvío bastan para generar bloqueo y desorientación.
* La cuarta consiste en la dificultad para explicar cómo llegar a un lugar. Aunque acaba de hacer el recorrido, no logra describir cruces, esquinas o puntos visibles.
* La quinta se observa al salir de espacios amplios o cerrados, como parqueaderos, hospitales o centros comerciales. La persona necesita varios segundos para decidir hacia dónde caminar.
* La sexta señal se relaciona con la falta de registro del entorno. Camina o conduce mirando la pantalla y casi no recuerda edificios, parques, estaciones o locales.
* La séptima aparece cuando evita moverse sola si no puede usar el GPS. Ya no teme demorarse más. Teme no resolver un trayecto sencillo sin ayuda digital.
Según la docente, estas conductas también se conectan con hábitos actuales de hiperconectividad y exceso de estímulos. La atención se divide entre mensajes, notificaciones, tareas y pantallas. Ese contexto reduce el entrenamiento natural de funciones básicas como la memoria y la concentración.

El estudio no invita a rechazar la tecnología
El estudio propone usar dispositivos con equilibrio. En trayectos cortos, recomienda no encender el GPS desde el primer minuto. También sugiere observar dos o tres referencias antes de salir, anticipar la ruta y reconstruir mentalmente el recorrido al llegar.
Otro consejo consiste en usar la aplicación como guía general y no como una orden constante en cada giro. En caminos conocidos, incluso conviene intentar el recorrido sin asistencia digital.
Estas acciones simples obligan al cerebro a participar de nuevo en la orientación. Mirar alrededor, corregir errores, comparar opciones y recordar referencias fortalece la autonomía.
Claro añade que la responsabilidad no recae solo en cada usuario. Los sistemas educativos y los entornos de acompañamiento también deben enseñar a integrar nuevas y antiguas herramientas de orientación, de modo que la tecnología complemente las capacidades humanas y no las sustituya.
El mensaje central del estudio resulta claro: el GPS facilita la vida, pero si toma el control total del camino, el cerebro deja de practicar una habilidad que necesita ejercicio diario para mantenerse activa.
Cómo entrenar la memoria espacial
- Haga trayectos cortos sin GPS.
- Observe puntos de referencia.
- Anticipe la ruta.
- Repase mentalmente el camino al llegar.
- Use la app solo como apoyo.
Una mirada desde la psicología

Miguel Puentes (Docente de Psicología de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá): ¨Partamos de un hecho simple: La sociedad en la que hoy en día vivimos está configurada de tal manera que todos nosotros somos dependientes de la tecnología: nuestras actividades diarias están mediadas por el uso de teléfonos móviles, computadoras y otros dispositivos digitales de los cuales dependemos y difícilmente podemos escapar de ellos.
Inclusive, para los así llamados “nativos digitales” su mundo natural implica el uso de tecnologías digitales y herramientas computacionales, lo cual no tiene por qué llevar a que automáticamente sean personas con niveles altos de ansiedad o estrés. Es más, un manejo inteligente de esas tecnologías puede incluso mitigar los efectos estresores de las actividades diarias en el trabajo o en el estudio.
Idealmente nosotros debemos velar por tener un balance adecuado entre trabajo, estudio, familia, ocio y descanso, y dentro de todas estas actividades perfectamente pueden tener cabida diferentes tipos de tecnologías que incluso puede hacer que tales actividades sean más productivas y satisfactorias.
Ahora, los problemas asociados al uso de las tecnologías son de diferente naturaleza: pueden relacionarse con el uso de éstas en contextos inadecuados (por ejemplo, atender a las notificaciones de correo electrónico en el móvil durante una reunión familiar, o usar juegos durante horas de trabajo, etc.); o con el uso excesivo de las mismas, sacrificando tiempo para diferentes actividades; o con permitir que herramientas digitales hagan por nosotros cosas que deberíamos hacer por nosotros mismos, y que pueden afectar nuestras capacidades de pensamiento, razonamiento, elección, juicio crítico, aprendizaje entre otras.
Todos nosotros somos susceptibles de tener dichos problemas y pueden ser desencadenadores de condiciones psicológicas asociadas al estrés, la ansiedad, la depresión. En estos últimos casos, más que un simple “tip” o un consejo, las personas deben acudir a un profesional de psicología o psiquiatría que ofrezca herramientas profesionales y personalizadas para manejar estos problemas¨.

Dennis Morales (Directora de la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá): ¨Los avances tecnológicos en materia del conocimiento humano nos han traído bondades interesantes acerca de la comunicación instantánea, mayor difusión y oportunidad de acceso de información científica; aunque también un incremento en la invasión de la información de forma constante y aún solo clic, estás y otras repercusiones hoy nos acercan al empobrecimiento tanto en la expresión comunicativa, como en la profundidad discursiva, todo lo anterior debido al deterioro en los propios recursos cognitivos que teníamos antes en décadas pasadas como mayores repertorios en la atención, memoria, y pensamiento crítico.
Al día de hoy debemos cuidar de nuestra salud mental, cuidar de nuestro cerebro en los contextos digitales, y esto es pensándolo en tres esferas la física, la psicológica y la social según Carrasco et al. (2023), de manera que gobernemos nuestras vidas sobre los autocuidados básicos, desvincularnos de algunas actividades del uso neto del dispositivo móvil, y ampliar los contactos interpersonales con reciprocidad constantes en miradas, abrazos y conversaciones cercanas, todo ello con la conciencia plena nos incrementará un bienestar si lo configuramos de manera constante¨.
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