Doña Gilma Buitrago de Ramírez es neirana, con mucho orgullo pueblorriqueña de pura cepa. Nació el 7 de noviembre de 1936, tiene 91 años, con un reconocido servicio a la comunidad.
Trabajó en el campo, donde aprendió a cultivar, sembrar frutas y verduras, manejar el azadón y el machete; siempre al lado de su esposo, Conrado.
Crió gallinas, abrió trochas y hasta le tocó cargar piedra y arena desde la vereda Gallinazo a Pueblo Rico para construir la capilla.
Doña Gilma levantó a 11 hijos, 9 hombres y 2 mujeres, y tiene 17 nietos y 8 bisnietos. Anduvo caminos a altas horas de la noche, en medio del pantano y la lluvia, para saludar o ayudar a su vecinas o también para acompañar a la partera a traer una nueva vida al mundo.
No hay día en el que mamá Gilma no salga a caminar. Hace poco enterró a una hija, quien era fiel compañera en sus recorridos. Dice que continúa su rutina porque “el dolor va por dentro”.
Así de fuerte es su carácter, con un corazón noble y generoso.
Es de cara colorada y cabellera blanca. Al sonreír irradia confianza, alegría y satisfacción. Le gusta cantar y bailar, asiste a cuanta fiesta la inviten porque para ella no existe la palabra "no puedo”.
Su longevidad se la atribuye a la tranquilidad. “Como lo que me den y a la hora que sea, camino mucho y vivo súper bien con mis hijos, que los amo mucho a todos”, expresa.
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