En las diversas actividades navideñas se integran padres de familia y líderes comunales quienes colaboran para preparar las viandas y entregar los regalos.

Fotos | Rubén Darío López | LA PATRIA En las diversas actividades navideñas se integran padres de familia y líderes comunales quienes colaboran para preparar las viandas y entregar los regalos.

LA PATRIA | Pensilvania

Por iniciativa de la psicóloga Anyeli Cardona Betancur los Padrinos Mágicos surgieron en Pensilvania en el 2016 para brindar apoyo y regalos a niños desde bebés hasta los 13 años.

En estos 10 años el proyecto creció de manera orgánica: un padrino contagió a otro, y ese a otros más, hasta formar una red espontánea de corazones movilizados que decidieron que la Navidad también debía llegar a los caminos de barro, a las casas de tabla y a las laderas silenciosas de las veredas.

Entendí que la magia no está en los regalos, sino en las conexiones humanas que los hacen posibles. Porque la vida, que también la marcó con heridas que no siempre se nombran, le enseñó que la alegría es un acto de resistencia. Y que sanar también significa compartir”, expresa la profesional, quien agrega: “No se trata solamente del precio del regalo de navidad, sino de la emoción que despierta”.

El grupo de Padrinos Mágicos ha recorrido veredas y trochas llevando regalos a niños rurales que crecen entre desafíos y geografías complejas.

Lo que empezó como un gesto sencillo se transformó en una obra que hoy abraza a cientos de pequeños de 0 a 13 años, muchos de ellos marcados por historias de conflicto armado, pero también por una fortaleza enorme.

Hoy ocho años después, pretende celebrarle la Navidad a cerca de 500 niños rurales gracias a un movimiento que se expande de boca en boca y de corazón en corazón.

Los niños disfrutan de pintacaritas y reflejan la alegría que les brinda el proyecto Padrinos Mágicos.

La magia se multiplica

La Navidad, en las montañas de Pensilvania, tiene más que ver con sentirse visto, recordado y querido, que con etiquetas o marcas. Esa es la magia que este proyecto ha sostenido y multiplicado: la magia de lo simple, lo humano, lo que conecta.

Gracias a la participación de Anyeli hace años como saxofonista de la banda sinfónica estudiantil de Pensilvania, introdujo la música como puente en Padrinos Mágicos y así llegaron amigos, maestros de música, guardianes de la tradición y del arte, que sin dudarlo aceptaron acompañarla.

Así nació la idea de sumar una chirimía completa a esta causa: un estallido de ritmo, viento y tambor que late como late el pueblo.

Además: cada niño recibirá un instrumento musical de juguete, tambores, maracas, panderetas para que puedan ser parte de la fiesta, no solo espectadores. Para que vivan no solo la entrega de un regalo, sino una experiencia: tocar junto a los músicos, sentir que también tienen voz, ritmo, presencia. Que ellos son la chirimía, apoyados con la fuerza del ejemplo. “Porque cuando la vida ha sido difícil, la alegría no es un lujo: es un derecho. Es una semilla”, dice.

A la vez que expresa que Padrinos Mágicos no puede quedarse en esta actividad anual y por eso la proyección es clara: que el colectivo se convierta en una fundación sólida, activa todo el año en beneficio de la niñez rural “sabemos que podemos hacerlo y ya lo estamos logrando”

El programa de Padrinos Mágicos no es solamente una entrega de regalos, sino una celebración de la vida rural, un abrazo colectivo y una manera de decirles a los niños que no están solos.

A donar

Los Padrinos Mágicos reciben aportes en el Nequi 3146452422.

La fundadora de Padrinos Mágicos, la psicóloga Anyeli Cardona, participa activamente en las actividades para llevar alegría navideña a los niños campesinos de Pensilvania.


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