Fotos | Rubén Darío López | LA PATRIA 18 metros cuadrados ocupa este pesebre en un garaje en el barrio Guillermo Buriticá de Pensilvania.
Como una tradición familiar heredada de la bisabuela Emilia Arias en la vereda La Rioja, ubicada a diez kilómetros de la cabecera municipal de Pensilvania, que tuvo continuidad en sus hijas Ana Rosa y Sofía Giraldo, posteriormente en su nieta Consuelo Giraldo y ahora, un siglo después, en sus bisnietos Norma Liliana y David Ricardo Henao Giraldo.
El pesebre navideño siempre ha sido una parte esencial de la época decembrina para sus creadores los hermanos Norma Liliana y David Ricardo y el apoyo logístico de Rodrigo Ocampo, esposo de Norma, quienes con tres meses de anticipación empiezan los preparativos comprando en tiendas especializadas a nivel nacional las distintas figuras de aldeanos y animales, iluminación, accesorios, entre otros, para tratar de mejorar la versión del pesebre del año anterior, reto que se han impuesto.
La elaboración de este pesebre de 18 metros cuadrados que ocupa el garaje de su casa en el barrio Guillermo Buriticá, en Pensilvania, también incluye la construcción de muchas de sus casas y ambientes conmemorativos a Belén utilizando materiales reciclables como cartón, piezas de segunda mano en madera que terminan convirtiéndose en hermosas artesanías y edificaciones llenas de color.
Pesebre completo
Como parte del encanto y curiosidad incluye el cementerio, el teatro callejero, la plaza de mercado con un sinfín de productos agrícolas y comestibles, almacenes de telas, hospedajes, molino en movimiento, granjas, el castillo de Herodes, soldados romanos y los infaltables rebaños de ovejas, esto sumado a sus casi 200 aldeanos en sus múltiples funciones que convierten esta versión de Belén en un alegre y entretenido pueblo.
Todos los años los vecinos y pobladores desde octubre y noviembre empiezan a preguntar con curiosidad por el pesebre y qué tendrá de nuevo este año.
Siempre, desde el primero de diciembre, fecha en la que se abren las puertas de la casa en el barrio Buriticá, empiezan las visitas de decenas de curiosos que se sorprenden con los detalles y especial cuidado con el que cada figura y accesorio se acomoda en el pesebre.
Las novenas navideñas siempre cuentan con el acompañamiento de la comunidad, compañeros de trabajo, amigos, sacerdotes, músicos y, especialmente los niños. Un lugar infaltable para visitar en este mes y hasta el 15 de enero.

Así se ve con las luces encendidas.

200 aldeanos, en sus múltiples funciones, convierten esta versión de Belén en un alegre y entretenido pueblo.

Cada detalle llama la atención de los vecinos.
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